Una rana empujada a un caldero de agua hirviendo saltará inmediatamente fuera de él, impulsada por el instinto de supervivencia. El mismo animal introducido en un perol lleno de agua fría sobre el fogón permanecerá inmóvil mientras el líquido se calienta, hasta perecer cocido sin percatarse de lo sucedido.

Mutatis mutandis, eso exactamente está pasando en España. El caldero representa la democracia, la llama la atiza el Gobierno y la rana somos nosotros, víctimas de este refinado proceso de aniquilación que va derribando barreras constitucionales con el fin último de liquidar la libertad y destruir la Nación.

Cuando hace tres años los socios de Sánchez e Iglesias pretendieron consumar su propósito rupturista por las bravas; es decir, metiéndonos en el puchero ardiente, saltaron los mecanismos defensivos del sistema y pararon la asonada.

Los futuros gobernantes identificaron meticulosamente cada uno de esos resortes y se conjuraron para desactivarlos en cuanto tuvieran ocasión, lo cual sucedió a partir de un aciago 10 de noviembre de 2019. Ese mismo día la olla fue puesta en el fuego.

El Frankenstein social-comunista de extremidades separatistas y alma totalitaria empezó por tomar posesión del ente público RTVE, pues todo golpe que se precie comienza por el control de los medios de comunicación. Fue después a por la Guardia Civil, descabezándola a conciencia en el empeño de someterla a las órdenes arbitrarias de un Ejecutivo determinado a ignorar la Ley pasando por encima de los jueces.

Ellos eran y son los siguientes en la lista. Un pilar esencial del Estado de Derecho, cobijo del ciudadano frente a los abusos del poder, además del bastión que el independentismo no había conseguido expugnar. Ellos constituyen un obstáculo insalvable para los planes liberticidas del Gobierno y, por tanto, una pieza irrenunciable a batir.

De momento, ha puesto bajo su bota a la Carrera Fiscal, sujeta al yugo de una socialista íntimamente vinculada a un exmagistrado inhabilitado por prevaricación, y se dispone a dinamitar la sentencia del «procés» invalidando las condenas vía indulto o bien reforma legal, mientras blanquea de palabra y obra a la banda terrorista ETA. Pero no le basta.

Necesita el control total de la Judicatura, para lo cual precisa de la complicidad del PP. De ahí la presión ejercida sobre Casado, obligado a negarse al cambalache so pena de traicionar no solo su palabra y a su electorado, sino a la Constitución que juró acatar al tomar posesión de su escaño, creemos que sinceramente y no del modo infamante en que muchas de sus señorías cumplieron con dicho trámite mofándose de la Carta Magna.

Debilitadas las columnas sobre las que se asienta el edificio democrático, Frankenstein ve llegada la hora de retirar la clave de bóveda y así acelerar la caída. No solo porque el tiempo apremia, dado el agravamiento de la crisis económica, sino para aprovechar la trágica distracción en que nos tiene sumidos el Covid.

De ahí que, tras largos meses de humillaciones veladas, haya lanzado una ofensiva brutal contra el Rey, con varios ataques que van desde las proclamas republicanas de Iglesias hasta el veto de Sánchez a su presencia en la entrega de despachos judiciales, pasando por la embestida tuitera del monigote Garzón.

El monstruo golpea a la Corona consciente de su papel determinante en la defensa de la democracia y, simultáneamente, arremete contra la Comunidad de Madrid, locomotora económica culpable de prosperar votando al centro-derecha.

Cada día añade más leña a este fuego que nos abrasa a ver si, como la rana, nos dejamos hacer mansamente, incapaces de reaccionar.

Isabel San Sebastián ( ABC )