NOSOTROS

El mismo tiempo que hemos invertido en odiarnos, en agraviarnos, en hacer ver que no éramos hermanos, en exagerar las diferencias y disimular las afinidades, en de verdad creer que estamos en condiciones de aplastar al otro y que esto es lo que queremos; exactamente el mismo tiempo que hemos gastado siendo crueles y arrogantes, buscando la innecesaria humillación del que no era de aquí, o de allí, e insistiendo en el abrumador y vergonzoso escarnio -que yo confieso haber practicado hace algunos años- vamos a tener que invertirlo en volvernos a querer, o más exactamente, en recordar que siempre nos hemos querido, y en darnos cuenta y comprobar que el espectáculo de los últimos años nos ha vuelto menos luminosos y que somos más pobres sin la vieja alegría por cenar juntos en Barcelona o en Madrid y sin la esperanza compartida.

Hemos cedido a las bajas pasiones seguramente violentados por la crisis económica, pero también por las muchas y muy variadas crisis personales y el vacío en el que se ahogan las almas que no se miman. Hemos proyectado inútilmente la rabia de nuestras pequeñas impotencias contra el difícil arte de querernos y vivir juntos. Nos hemos rebajado a ese extravío moral del que tanto cuesta regresar que es la culpa ajena.

«España es una democracia de baja calidad», hemos dicho. Y también «a por ellos», el otro día en Huelva. Contra tanto despropósito me escribió ayer mi querido amigo Fernando Bermejo: «No pasa de octubre sin irte a ver un día. Me comprometo. Hay que ir a Barcelona. Yo amo Barcelona. Ya está bien!!». Y evidentemente tiene toda la razón y ya está más que hecha la reserva en Hoja Santa.

El domingo pasará lo que tenga que pasar pero el lunes continuaremos viviendo aquí y continuaremos viviendo juntos. El desprecio no va a funcionar. El rencor no es un argumento. Pelearnos no nos ha hecho ni más fuertes, ni más sabios, ni hoy nos necesitamos menos que ayer ni de todo este debate quedará ninguna inteligencia fértil que merezca la pena conservar. Más bien todo lo contrario: la palma se la han llevado los gañanes de uno y otro lado, los bravucones, los muertos de hambre, los que buscan en la bronca el protagonismo que jamás tendrían en el talento, ni en la verdad, ni en la luz: y hasta hemos insultado a Serrat.

El lunes continuaremos viviendo aquí, griten lo que griten en Huelva y rompa lo que rompa la CUP. Estaría bien que el domingo lo recordáramos, porque la rabia sólo crea rabia y cuando la marea baja la ternura -y sólo la ternura- es la metáfora de la solución universal.

Salvador Sostres ( ABC )