NOVELEROS SEDICIOSOS

Estamos en pleno apogeo de lo que don Francisco de Quevedo llamaba «calumnias de noveleros sediciosos». Ahí siguen los separatistas creando historias imaginarias y repúblicas fingidas, acuchillándose entre sí y echando la culpa de todo a la España totalitaria. Ya no saben ni qué son los jueces, tienen de la Justicia una idea predemocrática. Ven a los magistrados como los describe Diego de Torres Villarroel, rodeados de escribanos tiñosos con golilla, revolviéndose los sesos para oscurecer verdades y prevaricar, a las órdenes del rey. Los retratan como unos enemigos de los otros, todos inventores de ley y de la trampa.

Claro que, si convencen con sus novelerías sediciosas a unos cuantos partidos deuna Europa rodeada de populismo y de extrema derecha de que son perseguidos por una España represora, estaríamos perdidos. Van a seguir dando la vara durante el tiempo que duren los procesos, que será más de lo previsto. Y si el Gobierno de España sigue mudo ante la rebelión, secándose las manos con las puñetas, al final la turbulencia de los embusteros acabará debilitando al Estado democrático.

 Albert Rivera teme que las carencias de liderazgo y comunicación del Gobierno, el vacío político y el abatimiento del Ejecutivo, sean aprovechados por los independentistas para difundir mentiras y aliñar intoxicaciones. A pesar de que los héroes del procés están dando un gran espectáculo de acoquinamiento -y de cante los unos de los otros, como los baladores del hampa-, lo esperan todo del mangoneo político. Miren ustedes a Carme Forcadell, la heroína del buen golpe de hoz, llamando a las puertas de la casa del pueblo.

Les dice que aumenta la tensión en Cataluña por el hecho de que Junqueras y los Jordis estén en la cárcel -ya no habla de presos políticos- y se dirige al PSC -«tan preocupado por rebajar tensiones y relajar ambientes»- para que pida la libertad de los presos. Miquel Iceta se ha reunido con los familiares de los reclusos, sin olvidar que casi lo borran del mapa por pedir el indulto en las elecciones. Luego ha declarado que no apoyará el traslado de los presos a Cataluña porque podría interpretarse como una campaña dirigida a la deslegitimación de la Justicia.

Es que si se deslegitimiza la Justicia se descompone la democracia. Los independentistas intentan que queden impunes sus delitos y siguen con su estilo de los charlatanes, culpando al enemigo, escondiendo sus propios errores, convocando a la muchedumbre en una estampida ciega, olvidando que no hay nada tan peligroso como la retórica de los políticos que sólo dicen la mitad de la verdad.

Raúl del Pozo ( El Mundo )