» NUESTRA COSTUMBRE ES NO DAR INFORMACIÓN »

Con policías y guardias de seguridad uniformados con monos blancos y armados con garrafas de desinfectante, el régimen chino vigila los cementerios y funerarias de Wuhan tras dar por controlada la epidemia del coronavirus.

Antes de que el cierre sobre la ciudad se levante el próximo miércoles, mañana se celebra el Día de los Difuntos en China, la festividad de Qingming. Pero, como todo en este traumático 2020, será muy diferente a la de otros años.

Tras salir del confinamiento impuesto el 23 de enero, muchas familias de Wuhan han podido por fin recoger las urnas de los fallecidos por el coronavirus y esperaban cumplir con la tradición de «barrer las tumbas» en los cementerios.

Pero, prohibiendo estas peregrinaciones para evitar rebrotes, las autoridades han seguido otra costumbre habitual en los regímenes autoritarios: impedir que se sepa cuánta gente ha muerto en realidad en Wuhan. Cuando preguntamos a un funcionario del Departamento de Propaganda que veta el acceso a un crematorio, su respuesta no deja lugar a dudas. «Nuestra costumbre es no dar información», reconoce con tanta espontaneidad que revela la naturaleza del régimen.

En este planeta globalizado, China aspira a jugar su rol como superpotencia. Pero las dudas sobre la cifra verdadera de contagiados y fallecidos por el coronavirus vuelven a cuestionar su papel como miembro responsable y fiable de la comunidad internacional.

Aunque es cierto que Occidente tuvo dos meses para prepararse y no hizo absolutamente nada, habrá que ver si la información médica proporcionada por Pekín contribuyó a esa laxitud, que ha resultado catastrófica.

Con esta epidemia de muerte y dolor y la ruina que se avecina, el coronavirus no solo ha reventado la globalización, sino que ha puesto en solfa el papel de un país como China, que aspira al reconocimiento internacional pero sigue con su «costumbre de no dar información».

Pablo M. Diez ( ABC )