Se atribuye al secretario de Estado Cordell Hull una famosa frase («sí, es un hijo de perra, pero es nuestro hijo de perra») que resume el respaldo de Estados Unidos, en otros tiempos, a ciertas dictaduras latinoamericanas.

En realidad, no hay un documento que pruebe esta frase: sólo la biografía que en 1966 publicó Robert Crassweller sobre Trujillo, donde el autor afirmaba que el jefe de la diplomacia estadounidense pensaba que ese dictador era «nuestro hijo de perra». Queda, pues, la duda de si la frase es de Cordell Hull o de Crassweller.

Si Josep Borrell, jefe de la diplomacia de la Unión Europea, continúa su abracadabrante campaña para legitimar a Nicolás Maduro, será apropiado rescatar aquella frase para describir la política exterior que él dirige hoy en la Unión Europea. Borrell ha enviado una misión a Venezuela para pedirle a Maduro que postergue unos meses el fraude electoral que está organizando para diciembre.

Así, la UE tendría tiempo de montar una pantomima de observación internacional en unos comicios que Borrell sabe bien que el tirano ornitológico (sí, ese que cuchichea con pajaritos), repudiado por el 90 por ciento de los venezolanos, no puede ganar limpiamente.

A diferencia del expresidente español Rodríguez Zapatero, eterna celestina de Maduro y hombre con la sofisticación intelectual de un bonobo, Borrell es un tipo inteligente y con criterio para discernir lo que está bien y mal.

Pero tiene, con respecto a Venezuela, el alma de un compañero de ruta en el sentido que dio Trotski a esta expresión en su libro Literatura y revolución. Allí decía Trotski, en referencia a los compañeros de ruta, que nunca se sabe qué tan lejos irán. Lo mismo pasa con Borrell y el cambio de política de la UE.

Parece que está dispuesto a ir lejos: no le ha importado enviar la misión amorosa a Venezuela en el mismo momento en que Naciones Unidas difundía un informe espeluznante sobre las violaciones de Maduro y Diosdado Cabello contra los derechos humanos (Venezuela tiene siete instituciones entrenadas para matar y torturar adversarios: FANB, GNB, PNB, FAES, CICPC, DGCIM y SEBIN).

El informe denuncia miles de detenciones y lo que se emplea contra las víctimas: bolsas de plástico para asfixiarlas, descargas eléctricas en los testículos, sustancias químicas, drogas, luces permanentes para impedir el sueño, golpizas. Para no hablar de los cientos de ejecuciones extrajudiciales. En el caso de Fernando Alba, por ejemplo, el crimen fue disimulado inventando un suicidio.

¿Cómo se condice la obsecuencia de Borrell ante Maduro con el placer que siente este demócrata español cuando el actual Gobierno remueve las piedras de la Transición en busca de las alimañas del franquismo o con el dirigente que hubiese tratado de felón a cualquier socialista que hubiera legitimado unas elecciones organizadas por él.

Nos queda un consuelo: Maduro se burlará de la misión europea como se ha burlado de todas las otras.

Álvaro Vargas ( ABC )