NUEVA HUMILLACIÓN DEL TRIBUNAL ALEMÁN AL TS

No conforme con haber puesto en cuestión la instrucción del juez Llarena en la que se imputa a Puigdemont un delito de rebelión, la Audiencia Territorial de Schleswig-Holstein inflige otra humillación al Tribunal Supremo al pedirle información adicional sobre la acusación de malversación. El tribunal del Landalemán no puede actuar como si fuese una instancia de instrucción. Al hacerlo está vulnerando la naturaleza misma de la figura de la euroorden, instaurada como un primer paso a la unión judicial en la UE, en virtud de la confianza mutua entre los tribunales de los Estados miembros.

La instrucción de Llarena está perfectamente motivada y habrá de ser el propio TS el que determine durante el juicio si Puigdemont es o no culpable. Nunca puede serlo un tribunal regional alemán, cuyas decisiones parecen estar fundadas sólo en prejuicios de carácter político. Es deseable que el Tribunal de Luxemburgo ponga cordura en este despropósito.

Cabe recibir con cierto alivio las disculpas del Ministerio de Justicia alemán, cuya titular, Katarina Barley, se disculpó por su prepotencia con el Gobierno de España, a la que había negado la condición de Estado de derecho. Lo cual prueba que, cuando el Gobierno activa la iniciativa exterior, obtiene frutos.

El Mundo