NUEVAS SOMBRAS EN TORNO A SÁNCHEZ

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, no ha dicho toda la verdad sobre la publicación, meses atrás, de su libro «Manual de resistencia». Si cobró los 16.666,66 euros que consta haber percibido de la editorial antes del 2 de junio de 2018, cuando fue proclamado presidente del Gobierno tras la moción de censura, lo ocultó en su declaración oficial de bienes.

Y si lo hizo después, estando en el ejercicio de sus funciones como jefe del Ejecutivo, habría incurrido en una ilegalidad porque ningún miembro del Gobierno puede ejercer actividad profesional o mercantil alguna mientras ostente su cargo y se trate de una prestación de servicios, como es el caso con la editorial Planeta.

En cualquiera de los dos supuestos, Sánchez obvió la legalidad vigente pese a ser él mismo quien admitió haber percibido esa cantidad en la declaración de bienes que formalizó en mayo de este año, una vez que ya pudo adquirir la condición de diputado tras las elecciones generales.

De hecho, cuando fue investido presidente no era diputado porque había renunciado a su escaño en 2016. Sánchez se convirtió en el primer presidente del Gobierno en publicar un libro desde La Moncloa, algo absolutamente inédito, pero las revelaciones de ABC hoy no dejan lugar a la duda.

No ha contado toda la verdad sobre la publicación de su libro, y tan es así que tanto la editorial como el propio Sánchez ocultan el contrato, sus condiciones y hasta la fecha de su rúbrica. Así las cosas, Sánchez actúa considerando la Presidencia del Gobierno como una suerte de cortijo privado en el que cree ser inmune a la legalidad para saltársela a conveniencia.

Anteriores presidentes del Gobierno también publicaron libros, pero siempre antes o después de ejercer como tales. Sánchez no, porque hasta la ley que rige para el resto de los políticos en España debe quedar supeditada a una estrategia mediática y propagandística que dé lustre a su figura política, a mayor gloria de su imagen pública.

Es tanto como utilizar torticeramente el cargo en beneficio propio, y eso queda reforzado además por un escrito de la Oficina de Conflicto de Intereses, que reconoce que Sánchez nunca ha solicitado compatibilidad alguna para participar en una operación mercantil, por escasamente cuantiosa que sea.

Ni siendo diputado ni siendo presidente. Igual que ocurrió cuando ABC denunció el plagio de su tesis doctoral, ahora todo resulta ser opaco y falaz también con su libro. Incluso, hasta fraudulento ya que ni siquiera el «Manual de resistencia» fue escrito por él, sino por Irene Lozano, exdiputada socialista y ahora secretaria de Estado para España Global. Sánchez debería dar explicaciones, aunque es de sobra conocido que esa expresión no forma parte de su vocabulario.

ABC