Al margen de las interpretaciones que se hagan a la criminalización de todo lo que se engloba como “franquismo”, que por la parte que le corresponde al Gobierno y a sus socios va en su ADN: espíritu revanchista, odio sectario y simulación. Lo que verdaderamente debería importar, es la dimensión que dicha criminalización ha alcanzado, absolutamente desproporcionada si no logramos ver la colaboración imprescindible de diferentes colectivos sociales.

Y esto, dejando al margen a la inmensa mayoría de la sociedad española, a todas luces analfabeta e indolente, y a fulanos como Luis M.ª Ansón, entre otros, a quienes les importa un bledo todo lo que no tenga que ver con su falsifican histórica.

 España, tenemos un problema. ¿Quién nos iba a decir que gritar ¡viva Lenin! sería expresar un sentimiento, porque todos los deseos son iguales y tienen los mismos derechos en democracia, pero decir ¡viva Franco!, un delito de lesa humanidad?

    ¿A qué colectivos sociales achacamos esa colaboración necesaria, sea por acción u omisión? Contestamos como otras veces: a la jerarquía de la Iglesia española, a la que Franco precederá en el Cielo, y que canallescamente le ha restado misas de réquiem.

Y al Ejército, que no ha tenido el valor de defender y rendir honores militares a quien fue Generalísimo de los Ejércitos, como demostración de profundo agradecimiento a quien defendió militarmente a España desde la temprana edad de sus 21 años. Actitudes y comportamientos cuya consecuencia ha sido, y es, que la contestación a esa criminalización y simulación de la historia haya quedado muy rebajada. Tanto, que es sostenida por unos pocos miles de españoles, acosados con multas de elevada cuantía y procesos judiciales interminables.

    Ahora bien, esto, pese a su evidencia, no se ve claro, por lo que se sigue atacando a quienes menos culpa tienen, a la izquierda y al criminal y rufianesca mundo independentista, sin advertir -pese a todo lo que se pueda decir de su imprudencia- la coherencia en su forma de pensar y proceder.

    Los españoles, en su inmensa mayoría, han perdido la capacidad de pensar correctamente. De ahí, la falta de criterio que se observa en España, asentada en un relativismo axiológico, que se cree capaz de preguntarse sobre la misma naturaleza humana y clasificar, como de hecho hace, qué tipo de cosas tienen valor.

    Ante esta realidad que chapotea en el fango, poco más se puede decir. Con todo, todavía se tiene una última oportunidad para ver claro y ser justos, acudir a la sabiduría popular, siempre tan precisa… “De aquellos polvos, estos lodos”. Locución, en forma de advertencia, que nos indica que lo que hoy ocurre, es consecuencia directa de lo que se hizo o se dejó hacer.

Advertencia que hoy tiene una trascendental importancia para unos cuantos miles de españoles honrados por nuestra forma de sentir, pensar y proceder.

Pablo Gasco de la Rocha ( El Correo de España )