A pocas fechas para que se inicie la campaña de Navidad la perversa sombra del “bichito” de marras, el que crearon los chinos, vuelve a planear sobre todos nosotros, amenazándonos con nuevas restricciones a nuestra cada vez más mermada libertad.

Como era de esperar, cada vez que la coartada de esta “plandemia” pierde vigor y fuerza, descubriendo lo que realmente se oculta tras esta maniobra globalitaria a gran escala, los ocultos poderes tratan, merced al terror inoculado en la población, de volver a distraer nuestra atención con la amenaza de nuevos brotes, venidos de no sé dónde, y el incremento de la mortandad con el fin de poder seguir disponiendo de nuestras vidas a su antojo y, de paso, seguir gobernándonos de forma despótica y totalitaria.

De esta suerte, manejando sabiamente la información interesada, cuando no la desinformación, se distraerá la atención de la población sobre aspectos de tanta relevancia como el notable incremento de los precios, la pérdida de poder adquisitivo, el paro, la merma de libertades, el aumento disparado de los índices de criminalidad, la inflación galopante, el gasto desmesurado de unos políticos corruptos, etc., que ponen de manifiesto la auténtica oscura realidad y, a cada paso en apariencia más irreversible, que se cierne sobre España.

No deja de ser llamativo que, en los instantes de penuria económica que estamos sufriendo, se adopten medidas restrictivas en estos días que comienza la llamada “campaña de Navidad” que tradicionalmente ha supuesto un balón de oxígeno para pequeñas y medianas empresas, especialmente las del sector del comercio y la hostelería.

El reyezuelo sátrapa gallego, por ejemplo, en un nuevo gesto de totalitarismo, ha vuelto a implantar en su taifa el llamado “pasaporte Covid” para acceder a restaurantes y bares, aun a sabiendas de que tal medida, esté avalada por quien lo esté, es manifiestamente ilegal y atentatoria contra los derechos y libertades que consagra la Constitución.

Un hecho de estas características pone en entredicho la viabilidad de la celebración de determinades fiestas y reuniones que solían celebrarse por estas fechas próximas a la Navidad: cenas y comidas entre amigos, fiestas de empresas, incluso reuniones familiares toda vez que sobre cualquier planificación que se quiera hacer en este sentido -reservas de locales, viajes, etc.- planea el riesgo de la adopción de medidas más drásticas en un futuro inmediato.

Llama poderosamente la atención que mientras se permite que miles de personas abarroten cada fin de semana los distintos campos de fútbol en los que, como hemos visto, no se adopta medida alguna de carácter restrictivo, se ponga todo tipo de cortapisas a la celebración de una reunión de amigos o de compañeros alrededor de mesa y mantel y no sirve como excusa lo de los locales abiertos o cerrados ya que la aglomeración en los estadios es tal que el contagio puede saltar en cualquier momento de los más de cien minutos que dura un partido de fútbol.

Sin embargo, en este caso se justifica porque a la población hay que darle “pan y toros”, como decía Asenjo Barbieri en su zarzuela, para evitar que piense en otras cosas.

Tal vez, el motivo que se oculta tras estas restricciones navideñas -no olvidemos que alguno propuso que se limitasen nuestras libertades entre finales de noviembre y el 6 de enero- sea realmente atentar contra la Navidad y su significado, una fiesta que jamás le gustó ni a la ultraizquierda ni a la izquierda, más allá de cobrar la paga extra y tener unos días de asueto.

Por tanto, el objetivo puede ser precisamente ese, cargarse la Navidad. Ya veremos que medidas se adoptarán en Carnaval -la fiesta de la izquierda por excelencia- en contraposición con las que se adopten llegada la próxima Semana Santa.

Volviendo a las actuales limitaciones establecidas por el sátrapa gallego, resulta que, en estos momentos en los que la ultraizquierda -la maldita podemia, el comunismo criminal, los filoetarras asesinos, los miserables golpistas catalanes- y la izquierda -los corruptos socialistas-, contando con el apoyo de la siempre cobarde y traidora derechona vasca pretenden que la Policía no pueda cachear a un sospechoso, ni tan siquiera identificarlo como Dios manda, un camarero o un matón de una discoteca pueda identificar a un ciudadano de bien, exigiéndole que le muestre el DNI junto a un certificado sanitario y encima pagar la cuenta de la consumición. Es de risa, risa floja, pero risa.

Todo ello, sin contar que de nuevo volvemos a dar una vuelta de tuerca a lo selectivo y clasista que resulta este maldito virus hecho por los chinos ya que, cualquiera puede entrar a un modesto bar a comer una tapa de tortilla o una ración de callos sin que nadie le moleste ni le pida nada, pero no así a un restaurante de tronío a meterse una lubina salvaje entre pecho y espalda, donde será objeto de todo tipo de controles.

Y lo mismo sucede con los horarios en los que, una vez más, queda demostrado las costumbres noctámbulas de este bichito, una suerte de Conde Drácula, que actúa solamente al caer la noche por ello, a partir de las nueve hay que identificarse. ¿Qué criterios científicos se siguen para la adopción de estas medidas?

Entretanto, ¿alguien refiere la cantidad de fallecimientos e inutilidades, incluso en personas jóvenes, provocadas por el experimento genocida de las vacunas? Nadie. Pero cómo diría pluma blanca, el del pantalón de pitillo, ¿quién está detrás de las grandes farmacéuticas que se están haciendo de oro con las vacunas?, ¿quién? Pues, ya está…

En fin, celebremos la Navidad como corresponde y si es necesario haciéndonos insumisos a la obediencia a estas normas liberticidas que tanto daño le están haciendo a España. Sin duda, si ninguno las aceptásemos y si jamás volviésemos a pisar los locales donde, de forma servil, dan fiel cumplimiento a estas exigencias que atentan contra nuestros derechos y libertades, otro gallo nos cantaría e incluso llegaríamos algún día a saber la verdad que se oculta tras esta “plandemia” globalista.

Eugenio Fernández Barallobre ( El Correo de España )