OBSOLETOS

Ahora que somos grandes aficionados a votar -nada menos que siete veces desde 2015-, parece conveniente actualizar el reglamento electoral. No podemos seguir como en 1977. Desde entonces, han irrumpido internet y las redes sociales, y la televisión juega un protagonismo en ocasiones determinante.

Por tanto, habrá que plantear poner al día las normas con el fin de que los debates sean obligatorios y exista cara a cara entre los mayoritarios; también urge combatir el encorsetamiento y permitir publicar encuestas hasta el último día. Y, si se me apura, eliminar la jornada de reflexión, porque llevamos meses reflexionando.

El debate de ayer, más allá de ganadores y derrotados, evidenció que seguimos en mantillas en algunos aspectos del juego democrático y que una cosa es el discurso para la galería de los políticos, y otra, su comportamiento real.

Organizarlo a las 22.00 horas y terminar cerca de la una de la madrugada es cuando menos antiguo y contrario a todas las prédicas de conciliación, racionalización de horarios o eficiencias energéticas. Salvo que alguien quisiera que lo viese el menor número de votantes.

El Astrolabio ( ABC )