Predica la austeridad acomodado en sus agraviantes privilegios. Pontifica el duro trabajo de los humildes desde el dolce far niente de su bienestar ganado sin doblar el lomo en el tajo, sin sudar bajo el mono y sin madrugarle al sol, dejando el sueño en las sábanas y llevando la fatiga en la mirada.

Nada sabe del toque de diana para espabilar un salario corto en unas jornadas largas, pero se cree el padre tutelar de los trabajadores y considera que los barrios en los que habitan son las fincas de sus consignas, a las que acude, sólo con periodicidad electoral, a vendimiar votos rodeado de brigadistas del motín callejero que buscan sangre para abrir los Telediarios, con Pablo Iglesias echándoles la culpa de los cuajarones a las víctimas de sus matones calabreses, mientras sus odaliscas de Podemos y su Che Guevara con ruedas emponzoñan las Redes Sociales con sus boñigas de 120 caracteres.

Engendran odio, alimentan el miedo y destilan venganza. Esa es la izquierda que espera agazapada en el fondo de las urnas para hacerse con el Poder en Madrid. Su sueño es nuestra pesadilla, su fuerza nuestras cadenas y su retórica nuestra sentencia. El tiempo apremia en su escasez y en la amenaza que gravita en el Tic-Tac (lo recordáis, ¿verdad?) de Podemos, cuya quintacolumna es nuestra división, el grueso de su artillería nuestro fuego amigo y la despensa de su intendencia nuestra dispersión.
Que no os engañen las cornadas que entre sí se propinan las tres ganaderías de la izquierda madrileña, son tan falsas como los combates de lucha libre. Al final siempre acuden, sin complejos y sin vergüenza histórica, al Frente Popular para repartirse el botín de las urnas, con y sin pucherazo.
Por el contrario, la derecha abomina y huye del aglutinante de la España Nacional, políticamente arracimada en un Frente Nacional, y las puñaladas que entre sí se propina no son de atrezo, son letales. Letales para España, porque Madrid es su corazón.
Por eso el 4 de mayo hay que votar en el corazón de España con el corazón de la España Nacional.
Eduardo García Serrano ( El Correo de España )
viñeta de Linda Galmor