ODIADORES PROFESIONALES

La diputada autonómica de Junts per Catalunya, Anna Erra, que parece ser que al mismo tiempo es alcaldesa de Vich, interpeló esta semana en el parlamento autonómico catalán a la consejera de Cultura, Mariàngeles Vilallonga, sobre el programa lingüístico «No em canvïis de llengua» (No me cambies de lengua), que no debe estar dando los resultados que a muchos gustaría, seguramente porque el conjunto de los ciudadanos utiliza el castellano más de lo deseado y no es tan estúpido como los que la han promovido.

La iniciativa se puso en marcha para concienciar a los catalanohablantes que tienen la mala costumbre de utilizar el castellano con aquellos que «por su lengua o aspecto físico no parecen nacidos en Cataluña«, porque eso creen que perjudica enormemente la lengua catalana. ¡A este nivel de estulticia han llegado allí!

Ahora hay quien se lleva las manos a la cabeza ante semejante sandez, pero deberían reflexionar que, ni se debe a la iniciativa individual de Anna Erra, ni debería haber sido ella quien nos informara de que la tontería ésta de la Consejería de Cultura de la Generalidad, sino los políticos que están en la oposición y deben controlar qué hace el gobierno de ilusos que detenta el gobierno autonómico. Menos asombrarse y más ponerse a trabajar.

Y lo digo porque deberían ser ellos quienes debían saber que la autora intelectual de esta campaña es una tal Rosario Palomino Otiniano, psicólogo en la Universidad de Barcelona, nacida en Perú, catalanoparlante, perteneciente a la Crida Nacional per la República, un partido político de ideología independentista, pero no de corte marxista, sino de la cuerda de Carles Puigdemont.

Esta mujer, a la que no llamo señora por respeto a las que sí lo son, lleva más de treinta años residiendo en aquellos lares y un día, comprando en un establecimiento del Clot (un barrio barcelonés), la carnicera, al ver su corta estatura y aspecto étnico, le respondió en castellano en lugar de utilizar el catalán, que ella sí había empleado al iniciar la conversación.

Ya sé que cuesta trabajo creerlo, pero es así. Si esperaban un conjunto de razones motivadas detrás, lo siento. Sólo una carnicera hablando en castellano a una peruana. ¿Cómo se les ha quedado el cuerpo?

Dudaba en un principio si cargar las tintas contra Anna Erra o sobre Rosario Palomino, pero sería injusto por mi parte hacerlo sobre cualquiera de ellas, pero creo que hay que hacerlo sobre todos los miembros del parlamento autonómico catalán. Todos. Unos por acción, y otros por omisión.

Que cada palo aguante su vela. ¿Es que nadie va a dar la batalla legal, parlamentaria en los medios de comunicación denunciando, día sí y día también, a tiempo y a destiempo, que aquel desquiciado parlamento en poder de desnortados políticos está fuera de control?

Los políticos independentistas compiten entre ellos proponiendo iniciativas de patio de colegio sin importarles que, como en este caso, sean ridículas y pueriles, si con ellas creen ayudar a la consecución de sus ideales políticos. Y a las pruebas me remito. Todas las que quieran.

El asunto es mucho más grave que la nimiedad de asunto éste de proponer a los ciudadanos de Cataluña que hablen sólo en catalán a los inmigrantes, sean de donde sean, y procedan de donde lo hagan.

El problema es que atacan cuanto representa España (el castellano, las corridas de toros, que se celebren olimpiadas en Madrid, …) y sus palabras despiertan antipatías de distinto grado entre los que no pensamos como ellos. Y eso no es nada bueno, porque sólo conduce a la confrontación absurda que pretenden. En ese terreno, queramos reconocerlo o no, nos ganan. No porque sean mejores que nosotros o lleven razón, sino porque odian más y mejor que nosotros.

No hay que dejarse llevar por los impulsos entendibles que provocan las malintencionadas palabras de tanto indeseable. Tampoco hay que ignorarlos Todo lo contrario.

Ya hemos comprobado dónde conduce pasar por alto las estupideces que salen de las calenturientas mentes de los orates del noreste (Colón, Cervantes, Leonardo da Vinci, Américo Vespucio, Hernán Cortés, Bartolomé de las Casas, el Lazarillo de Tormes y muchos más eran catalanes, dicen). Los políticos que hoy están en la oposición deberían entender que no es un tema menor.

En las circunstancias actuales lo tenemos difícil, pero no hay que dejarse vencer por el desánimo. Aunque parezca que el pataleo no sirve de nada, comenten con sus conocidos y amigos. Mantengan la esperanza de que la cordura, al final, prevalecerá.

Es cierto que los malvados difícilmente se corrigen, y es infinito el número de los necios (y no para de crecer), pero no hay que venirse abajo por ello. Recuerden que para que triunfe el mal basta que los hombres de bien no hagan nada.

Fran Ruiz ( El Correo de Madrid )