OH, » PROCÉS »

En el Supremo han terminado al fin la larga partida a las siete y media. Cómo arrendarle las ganancias a unos jueces condenados al disparadero por tener que firmar una sentencia que, fuera cual fuera, para unos se habría pasado y para otros siempre se va a quedar corta.

Cambiemos el tópico de este país. Porque cada españolito ha dejado de llevar dentro un entrenador. Ahora todos somos jurisconsultos. Van a saber más esos politizados magistrados de rebeliones y sediciones que cualquier docto parroquiano con plaza fija en la barra del bar, y no digamos ya con silla en alguna tertulia de radio o televisión.

El caso es que ahora toca la digestión de la sentencia. Y nos hemos empeñado en que llegan jornadas en las que la tierra se abrirá furiosa bajo nuestros pies y del cielo lloverán lenguas de fuego que nos dejarán hechos fosfatina. O algo así.

En las facultades de Periodismo enseñaban la teoría de la fijación de la agenda –Agenda Setting-, que viene a ser una explicación de cómo los medios no sólo ofrecen noticias, y las explican e interpretan, sino que influyen decisivamente para marcar lo que va a ser noticia y lo que no.

Hay quien lo llama manipulación, aunque, en realidad, antes de que llegaran los móviles y las redes tenía mucho más que ver con el aprovechamiento de los siempre escasos medios de cada cabecera. Si hay corresponsal en Rabat y no en Argel, pasan más cosas en Marruecos que en Argelia.

En Cataluña ya está todo preparado para la cobertura de los gravísimos disturbios violentos y la insurrección ciudadana que se van a producir en cuanto Marchena comunique la sentencia del 1-O cual niño de San Ildefonso cantando el gordo. A lo peor va a ser que todo eso pasa.

Pero los precedentes debieran animarnos a ser menos cenizos. Se dijo que asistiríamos al caos en cuanto el Parlament declarara la independencia. Pues apenas se reunieron unos miles de aficionados al botellón ante la sede de la Generalitat aquella tarde y se recogieron casi antes de la anochecida, sin exigir ni el arriado de la bandera española ni nada. Se alertó de terribles tumultos si Rajoy se atrevía a activar el 155.

No se recuerda jornada más sosa en Cataluña que aquella en la que Puigdemont, alicaído, se dedicó a tomar el vermut pensando en la fuga. Se aseguró que con el inicio del juicio del procés hordas enfurecidas tomarían las calles. Los que se manifestaron ante el Supremo no llenaban ni un vagón del AVE y las protestas en Cataluña sumaron menos gente de las que cabe en un partido en el Camp Nou.

Luego vendría el pinchazo de la Diada. Como Nostradamus, los periodistas dejamos bastante que desear. Aunque, claro, de tanto anunciar que llega el milenarismo, algún día llegará. ¡Penitenciagite!

Eduardo Álvarez ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor