Dejemos a un lado el caos que soportaremos los próximos días 29 y 30 en Madrid, con un dispositivo de seguridad de entrada y salida de la capital que afectará a 500.000 vehículos cada día, cortes de tráfico en la A-2, M-11, M-40 y en el centro de la capital, y variación de horario y recorrido en las líneas de los autobuses urbanos e interurbanos.

Un verdadero caos que llega al punto de la recomendación que el Gobierno, absolutamente enfrentado en cuanto al evento, ha hecho a las empresas para que impongan durante esos días el “teletrabajo”, como si esta medida se pudiera implantar en todas las empresas.

Ni por coherencia ni económicamente hemos debido celebrar la cumbre de la OTAN. Por coherencia, porque somos incapaces de frenar el asalto a nuestras fronteras y detener la deriva independentista. Económicamente, porque estos eventos ocasionan más gastos que beneficios, y mantenemos una deuda escandalosa, una inflación desbocada y una situación de pobreza social en alza.

Aparte del agravio que supone que nuestras ciudades de Ceuta y Melilla no estén protegidas bajo el paraguas defensivo de la organización militar que preside Estados Unidos, fiel y firme aliado de Marruecos. Que es lo que ocurre cuando se negocia mal, deprisa y por intereses políticos que no nacionales.

    Ahora bien, decido, no estaría de más pensar en el 11-M y cuidar de cerrar bien nuestras casas, porque puede que Policía y Guardia Civil tengan como principal cometido los días 29 y 30 de junio dar protección a los líderes mundiales que nos visitan, que seguro comerán a nuestra costa y a más de uno le pagaremos la “señorita de compañía”, que los que vienen saben que somos el primer país de Europa en prostitución.

Actividad que después de haber sido defendida, potenciada y protegida, ahora quieren prohibir sin advertir en qué situación deja a nuestras mujeres a tenor de los “machotes” que nos están entrando sin medida ni control.

    Y para los que piensan que esta cumbre pondrá a España en el escaparate mundial como reclamo turístico, les despejo la incógnita… Seguiremos siendo el paraíso del fornicio de las suecas y la taberna de albañiles, fontaneros y demás obreros ingleses y alemanes. Que en esto tampoco deberíamos engañarnos.

    Insisto. Ojo con el Metro, que no digo que no esté suficientemente vigilado, pero POR SI ACASO. Esto es, en previsión de que ocurra algo…

Pablo Gasco de la Rocha ( El Correo de España )