OPORTUNIDAD PARA QUE EL » CASO FAISÁN » NO QUEDE IMPUNE.

El conocido como ‘caso Faisán’ es uno de los episodios más lacerantes de la reciente etapa democrática de nuestro país. El chivatazo a ETA el 4 de mayo de 2006 en un bar de Irún con ese nombre sirvió a la banda terrorista para evitar una inminente redada contra su aparato de extorsión. Recordemos que en aquellos momentos estaba en marcha una negociación entre el Gobierno de Zapatero y ETA, y el chivatazo llegó a ser esgrimido por alguno de los emisarios de Moncloa como demostración de que el Ejecutivo cumplía sus «compromisos» en el proceso.

 El vergonzoso asunto llegó a ser juzgado, después de muchas irregularidades en la investigación y de que el caso pasara por las manos de hasta tres magistrados -uno de ellos, Baltasar Garzón, no dudó en dejarlo en un cajón para que durmiera el sueño de los justos-. Y hubo dos condenados, el que fuera jefe de la Policía en el País Vasco Enrique Pamies, y el comisario José María Ballesterosambos por revelación de secretos, aunque se libraron de ser encausados por colaboración con banda armada, pese a la evidencia de la cadena de hechos que quedaron probados ante el tribunal. En todo caso, el caso Faisán ha quedado hasta la fecha sepultado por un manto de impunidad inadmisible en un Estado de Derecho.

Por ello es una noticia tan esperanzadora que un juez de la Audiencia Nacional, José de la Mata, demostrando un pundonor y un sentido de la justicia dignos de elogio, haya decidido reabrir la causa tras conocer un nuevo informe elaborado por la desaparecida Brigada de Análisis y Revisión de Casos, en el que se apuntan indicios sobre la autoría intelectual del chivatazo entre los altos mandos del Ministerio del Interior que en 2006 dirigía Alfredo Pérez Rubalcaba.

De la Mata está decidido a averiguar quién fue la X del caso Faisán. Porque a pesar de que durante el juicio quedó demostrado que Pamies ordenó alertar a ETA de la redada de extorsión en marcha contra su aparato de extorsión, y que Ballesteros fue quien entregó el teléfono al recaudador de la banda para que recibiera el aviso y pudiera así dar al traste con la operación, ambos se negaron a revelar de quién había partido la orden de tan deleznable misión. Su sepulcral silencio estos 11 años, les ha valido irse de rositas y esquivar sus leves condenas.

Como hoy publicamos, la asociación de víctimas Dignidad y Justicia va a pedir al juez De la Mata que cite a declarar en calidad de investigado al que entonces era número dos de Rubalcaba en Interior, Antonio Camacho, ya que el citado informe policial le vincula con el chivatazo. Hay que recordar que en su día, durante el proceso de instrucción judicial, el cargo de más alto rango que tuvo que declarar por este episodio fue el director general de la Policía, Víctor García Hidalgo, pero al ex secretario de Estado no se le citó después de que la sala de lo penal de la Audiencia Nacional no admitiera su imputación.

Se deben realizar todos los esfuerzos judiciales necesarios para que el caso Faisán no quede impune para siempre. Pamies y Ballesteros, los dos únicos condenados, no tuvieron que cumplir el año y medio de cárcel decretado, por carecer de antecedentes. Y algunas artimañas les permitieron blindar su situación económica, pudiendo jubilarse uno de ellos antes de que se aplicara la inhabilitación de cuatro años que incluía la sentencia -el otro estaba también retirado para entonces-.

Al margen de la esfera penal, el Gobierno de Zapatero nunca asumió sus responsabilidades políticas por un escándalo de tal gravedad. Por ello la posibilidad que ahora se abre de que se pueda conocer quién fue el autor intelectual del chivatazo supone al menos un resquicio de necesaria decencia en el sistema. Hay que decir que la actitud del PP ante este caso también ha dejado mucho que desear. Porque los populares fueron muy críticos con Rubalcaba y beligerantes en la oposición, pero desde su llegada al Gobierno han contribuido a mantener el pesado manto de silencio.

El Mundo