En Cataluña hace tiempo que el nacionalismo, la peor de todas las pestes según Stefan Zweig, ha sustituido a la religión. O mejor dicho, lo han convertido en otra religión. Tal vez por eso mantienen desde hace tiempo una confrontación con la Iglesia Católica.

Y eso que algunos obispos y muchos párrocos trabucaires, al más viejo estilo carlista, han interpuesto su credo identitario, egocéntrico e insolidario a la ecuménica doctrina de los católicos. Al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios, pero en Cataluña el césar ha decidido entrometerse en las cosas de Dios.

Es lo que tiene la soberbia del que se cree en posesión de la absoluta verdad y cuyo credo envenena todo lo que toca, que siempre llega el día que se enfrenta a Dios. Y Dios suele dejar a los hombres que se equivoquen porque así en el pecado llevan la penitencia. Torra, ese político fallido y condenado, ha querido retar nuevamente a los católicos catalanes ya que él se cree un ser supremo.

El nacionalismo independentista también quiere decidir cuándo los hombres de buena voluntad deben elevar su oración al cielo.

El Astrolabio ( ABC )