Al oír el vocablo  «holocausto»,  a todos nos viene a la mente –y al corazón- el terrible crimen cometido a millones de judíos, por el mero hecho de serlo, cometido por muchos alemanes  en el siglo pasado. Y es preciso hacer una abstracción  para  asignar dicho horrible vocablo a otros muchos hechos similares producidos a lo largo de la Historia.

Desde las persecuciones romanas a los cristianos; el atroz exterminio armenio; las fosas de Katyn;  Ruanda, con 800.000 asesinados por pugnas tribales y tantas y tantas atroces matanzas de seres humanos…Son innumerables los holocaustos sufridos por la Humanidad .

Y, sin embargo, inevitablemente, al oír el término, siempre nos viene a la memoria  la atroz masacre de los judíos… Tanto es así que ya no es preciso completar la expresión  «holocausto» con «judío», porque el gran poder del movimiento sionista e israelita mundial, pujante en USA, ha logrado tornar un concepto genérico (holocausto) en un nombre propio, exclusivo, definitorio.

Por otro lado, también, hasta ahora, personalmente sentía orgullo (cierta vanidad ) por mis personas, instituciones o cosas queridas.. Mi maravillosa familia; mis  ocho amigos eternos, vivos o muertos; mi prometedora ciudad; mi mar, mi humanitaria y  reconfortante profesión; mi ideología de síntesis; mi amada e  infortunada patria…; mi Dios.

Estos días, el también poderosísimo lobby LGTBI, ha logrado pasar de  pertenecer o divulgar a ese grupo de diferentes y legales orientaciones sexuales que todos conocíamos como el «orgullo Gay» a suprimir el neologismo «gay» y convertir de sustantivo común a hacer sustantivo y «nombre propio» al vocablo Orgullo . Todos los periódicos, las  emisoras de radio  y TV, los comentaristas resumen todos los actos, los desfiles en » El Orgullo».

Para los que no formamos parte del colectivo LGTBI…(93% de la población española) , ya no es fácil sentirse orgullosos de otras cosas ( como las que he mencionado) sin que se nos incluya –involuntariamente- en ese colectivo.

Al menos, mientras pertenecer al «lobby» LGTBI no sea obligatorio.

Carlos León Roch ( El Correo de España )