La charla de café en la desierta redacción se centra en la vuelta del gobernante que nunca debió irse de vacaciones. Regresa Sánchez dispuesto a sacar lustre al uniforme de estadista. La cábala es cuánto tardará en reprogramar sus «Aló presidente».

El menú elaborado por su chef de cabecera contará como ingrediente principal con uno de los productos estrella cultivados por Iván Redondo. Cuarto y mitad de «os di la libertad y no supisteis usarla». El condimento vale para emplatárselo a las taifas y a todos nosotros.

Él agita el salero de nuestro albedrío. Toca pues el Sánchez salvador a quien no le queda mas remedio que corregir nuestra desbocada anarquía. Calará en la polarizada sociedad que no ha tenido más remedio cuando cada nuevo confinamiento es una prueba más de su tremendo fracaso. La sacrosanta función del Ejecutivo es garantizar la libertad de los gobernados y no limitarla por su incapacidad, ahí están las cifras, para domeñar la pandemia.

Ocurre que una de las mayores ventajas de ser de moral laxa es que artilla al político para cambiar de capa cuantas veces le convenga. En esto es un estrella michelin. Aún recuerdo cuando se paseaba por los despachos de los periódicos pidiendo árnica, una oportunidad para un joven que venía a salvar a su partido del flirteo independentista al que amenazaba en sumirle su rival.

Entonces, el oponente era Eduardo Madina y Sánchez convenció a todos en las primarias de que el bilbaíno era el aliado natural de los montoneros vascos y catalanes. Si queríamos que el PSOE mantuviera la E de sus centenarias siglas, él y no Eduardo era la opción. Ya ven, año 2014, Sánchez un liberal «salvador de España». Y coló.

Seis años después, el papel a interpretar es otro pero la finalidad la misma: aguantar intramuros. El acento de su engolado discurso disfraza una realidad tozuda. Ha fracasado en la gestión de esta tragedia, ha errado en sus decisiones y abusado de los poderes que le otorga la Constitución.

El PP (des)centrado en sus juegos de tronos, anda atribulado porque la pésima gestión empíricamente constatable no parece haber hecho mella en Sánchez y su banda. Quizá porque sus rivales no tienen su catadura, o son tan pánfilos que no se han percatado de que el sanchismo es otra cosa. No aspira a conducir a España hacia la salida.

Le basta con pastorearla aunque al resto nos sobre hasta el último muerto cobrado por el desbocado virus.

Agustín Pery ( ABC )

viñeta de Linda Galmor