» OS RECIBIMOS CON ALERÍAAA…»

Cataluña es tu casa. Así reza el cartel con el que la Generalitat separatista trata de atraer allí al resto de los españoles (para ellos, simplemente «los españoles») con el fin de que les salven la desastrosa temporada turística que se avecina y que hace temblar el 12 por ciento del PIB regional (para ellos, «nacional») que genera este sector.

Francia ha aconsejado a sus ciudadanos que no contraten vacaciones en España y Rusia ha pedido a los suyos que veraneen en el país. Solo entre rusos y franceses, el año pasado fueron cinco millones de turistas que llegaron a Cataluña y que este año faltarán. Para compensar la pérdida, la Generalitat de Torra va a emprender este mes de junio una campaña de promoción apelando a los «vínculos emocionales» que unen a Cataluña con el resto de España.

Desaparecerá de la idílica publicidad todo el atrezo separatista que decora los edificios oficiales y el espacio público, cedido a los CDR y la ANC para que lo llenaran de lazos amarillos, esteladas, pancartas de «freedom for Catalonia» y del resto de la simbología «indepe» con la que han cubierto pueblos y ciudades durante el ultimo lustro.

Así que toca operación limpieza en los balcones y edificios, al menos en las fotos promocionales, para eliminar ese decorado, que aquello parecerá el Ayuntamiento de Villar del Río retirando la decoración «typical spanish», de cartón piedra, que había colocado para recibir a los americanos que luego pasaron de largo en «Bienvenido Míster Marshall».

Toca, por tanto, hacer desaparecer los lazos amarillo y reivindicar los «lazos afectivos» con el resto de los españoles, aquellos que hasta hace bien poco al parecer les «robaban» y luego, con la llegada del Covid-19, incluso les «mataban», como quedaba claro tras escuchar el infame discurso de Torra, esa España ladrona y asesina.

Pero llegó la peste y con ella la muy probable ruina y toca acudir de nuevo a que el resto de los españoles les saquen las castañas del fuego, como hace más de medio siglo ocurrió con la gran emigración llegada de otros puntos de España (para ellos, simplemente «España», insistimos) que terminaría por encumbrar a Cataluña como potencia industrial y que el nacionalismo premió endosándoles el mote diferencial de charnegos.

Miren las imágenes que ilustran esta página y, con permiso a la bendita memoria de Berlanga, verán como solo falta Torra asomándose al balcón gritando al pueblo: «Como president vuestro que soy, os debo una explicación…». Otra vez toca España… porque Cataluña es España, como siempre ha sido hasta donde nos alcanza la memoria.