OSADO Y PRECAVIDO

Conviven en Pedro Sánchez dos rasgos antagónicos, pero que nos sirven para explicar su comportamiento. Es, por una parte, un hombre osado hasta rozar lo temerario, movido por una desbocada ambición. Pero ahí le sale al paso su otro yo, la cautela, que le refrena y empuja a la huida alocada y cobardía de irle mal las cosas. Resultado, parálisis, como hemos visto en su escaso año de legislatura.

El mejor ejemplo lo tuvimos en la rotura del pacto con Podemos al pensar que le iría mejor con el centro y terminó en doble salto mortal hacia atrás al comprobar que no conseguía en las nuevas elecciones el aumento de escaños que imaginaba. Aunque más esclarecedor es su papel ante la sentencia de los ERE: ninguno. Ni siquiera el de extra. Haciendo, como acostumbra, que otros dieran la cara por él, y se la partan.

El número de Ábalos advirtiendo de que Sánchez era un mero concejal madrileño mientras la Junta andaluza había montado un mecanismo mafioso-político en beneficio de empresas y particulares próximos al PSOE para perpetuarse en el poder, merece figurar en el Guinness por los resultados: 680 millones de euros; la duración, 37 años, y lo que caiga de las causas pendientes.

Con dos presidentes envueltos y uno de ellos reconociendo que era un fraude. La única excusa que encuentran es que «no se beneficiaron personalmente de ello» ¡Cómo que no se beneficiaron! ¿Los sueldazos, primas, canonjías y demás extras, viviendas, coches, chóferes, que conllevaban los cargos no se cuentan?

Pues bien: de todo ello, el señor Sánchez, ni mu. Como cuando le preguntan si va a indultar a los políticos catalanes condenados por el procés. Algo tendrá que decir al ser Andalucía el granero de votos del PSOE, aunque ya no tanto, y los condenados, personalidades del partido, aunque sólo sea por educación, visto que recuperar ese dinero parece tan difícil como el de aquel implicado cuya madre evaluaba en «para asar una vaca».

Pero Sánchez tiene por lo menos que excusarse al haber sido uno de los principales promotores de la moción de censura a Rajoy por el caso Gürtel. Dicen que no hay comparación. Es en lo único que dicen la verdad. En efecto, no la hay, ni en la cantidad defraudada, ni en el número de implicados ni en las penas impuestas.

A Rajoy lo echaron por las sinverzonerías en dos ayuntamientos madrileños que poco tenían que ver con su Gobierno. En Andalucía fue la propia Junta la que montó el mecanismo para defraudar dinero público y europeo. Siendo Pedro Sánchez el principal beneficiado, alegando que tal corrupción impedía ser presidente de Gobierno.

Pero esperaremos en vano que se aplique su medicina. Está demasiado ocupado en convencernos de que necesitamos cuanto antes un gobierno «sólido y responsable». Como el suyo. Lo que más echo de menos en él no son ambas cualidades sino valor, cívico y personal, que Gracián ponía como principal virtud para llevar un país y un pueblo.

José María Carrasacal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor