¡ OSTRAS, PEDRÍN !

Al amigo, el BOE; al enemigo, por el BOE; y al indiferente, la legislación (de género) vigente. Es muy probable que el mismo dedo con el que Pedro Sánchez enfatizó en el Congreso la purga política en la Guardia Civil, haya sido el dedo encargado de «digitalizar» al amigo baloncestístico, como informaba ayer este periódico.

Con la capacidad para el baloncesto de Sánchez también deberíamos ser prudentes. No sería de extrañar que hasta eso fuera mentira, pero de lo que no cabe duda es de la relación fraternal con el arquitecto Ignacio Carnicero.

Así como Iglesias fue acreditando su naturaleza totalitaria en una larga colección de vídeos antes de llegar al poder, Sánchez dejó testimonio de su lado humano. De los humanos susceptibles de colocación.

Al contrario de lo que sucede con el presidente, Ignacio Carnicero sí tiene un buen currículum para el puesto, y en otro tipo de país él hubiera sido el encargado de colocar al amigo, pero la realidad es que se creó una dirección general en enero que quedó reservada hasta que José Luis Ábalos, que de colocaciones sabe un rato, propuso al antedicho.

Cuando se bucea en el pasado de Sánchez se encuentra todo lo que ha traicionado. Cada acto es un incumplimiento, cada frase un mentís, y por eso ya intentaron hace tiempo desdoblar al Sánchez candidato del Sánchez presidente. Pero esto obliga a reconocer, por una vez, la coherencia presidencial: su amistad con Carnicero sobrevive. Es algo en lo que el Sánchez de antes y el de ahora coinciden.

Esta exclusiva, como todas las de ABC, despertó un inmediato debate periodístico. Cuando comenzaron las informaciones sobre la tesis fusilada de Sánchez, revelación utilísima que nos decía en qué manos íbamos a estar, el periodismo más propiamente pesebrístico se apresuró a cuestionarla: «exclusiva» es lo que viene envuelto en muchas capas de calzoncillos, presentado en un dosier gubernamental o revelado por la cámara de vigilancia de un supermercado.

Pero, modestamente, acudir al BOE por las mañanas y cruzar los nombres de los premiados con los nombres de quienes llaman «Pedrín» al presidente también lo es. Y además de demostrar que el «escudo social» comienza por uno mismo, y que sigue vivo el «colócanos a tos», esta noticia ha revelado algo único, desconocido, extraordinario.

Algo inaudito: un rasgo de fidelidad en Pedro Sánchez. El de Carnicero es el único que le conocemos. Por sí solo, esto ya justifica la información.

Hughes ( ABC )