OTEGUI UN COLEGA

 La televisión pública le regaló a Otegui unos preciosos minutos en prime time y le permitió que se presentase como un político honorable que se atribuye el mérito de trabajar por la paz, y al escucharle me recordó al proxeneta que se cree una gran persona porque da trabajo a algunas mujeres, bajo sus condiciones de opresión y presume de ser un benefactor.

Claro que después de que la socialista vasca Idoa Mendía saliese en otra televisión colegueando con el responsable de los asesinatos de no pocos compañeros suyos,  no existe operación  de lavado de cara de criminales que resulte impensable bajo el mandado de Pedro Sánchez, siempre que sea útil para  permanecer en el poder.

No me apetecía ver ni escuchar a ese tipo,  entre otras razones estéticas porque tiene una  desagradable voz un tanto atiplada que, según los genetistas, es un símbolo de gónadas en mal estado, pero no negaré que al final cedí a la curiosidad porque quería ver torear a mis colegas de profesión en una circunstancia como ésa.

No lo hicieron mal los periodistas , supieron tratar al delincuente como lo que es, y sobre todo fueron beligerantes en la exhibición de los datos de su currículo criminal, pero dicho esto no soy partidario de que la televisión pública, veinticuatro horas antes de que el Parlamento le haga un homenaje a los asesinados por ETA, ofrezca una entrevista con el responsable de muchas de esas muertes, que no ostenta ningún cargo público  en estos momentos porque está inhabilitado por condena firme.

En periodismo existe un debate eterno sobre si es lícito darle voz o no a los malvados que son noticia por sus excesos contra el honor, la hacienda o la vida de unos ciudadanos que se convierten en sus víctimas, y este es  un asunto que muchos profesionales no tienen resuelto porque está en su adn la necesidad de no hurtarle a los lectores u oyentes ninguna opinión ni dato sobre los hechos que les cuentan.

Yo mismo tengo mis dudas y es posible que cualquier periodista que tuviera la oportunidad de hablar con un asesino de masas o un delincuente en cualquiera de sus facetas criminales lo haría, porque lo que importa es el resultado final de esa entrevista y la posición del periodista, que debe tener siempre la última palabra para evitar que el criminal haga apología de sus delitos.

En este caso era evidente que el indeseable jefe de la banda iba a repetir su conocido discurso de que los crímenes de ETA están justificados porque también existieron los del franquismo y los de los GAL,  aunque jamás los calificó de asesinatos a los secuestros, los tiros en la nuca y las bombas que pusieron los compañeros de sangre  inocente derramada.

Para eso no merecía la pena que televisión española convirtiese su informativo nocturno  por unas horas en un programa basura,  porque de todos era conocido lo que iba a suceder con un hombre cuyo objetivo no es la paz sino la derrota del estado español en colaboración con los separatistas catalanes.

De todas las deudas que han adquirido Zapatero y Sánchez con la historia de España hay una que jamás podrán pagar: el desprecio y el olvido que han demostrado a las víctimas del terrorismo entre las que están no pocos compañeros suyos que ahora olvidan por razones estratégicas.

Diego Armario