OTRA VEZ PENDIENTES DE LOS BROTES

Dijo ayer el Gobierno -¡a buenas horas!- que no le temblará el pulso si tiene que ordenar el estado de alarma, abolido el pasado domingo al decretar Sánchez, en su penúltimo ucase, que nos hallábamos en la «nueva normalidad». Lo avisa tras haberse detectado doce brotes activos de coronavirus diseminados por toda España que han supuesto, hasta el momento, más de 200 contagios.

Los más inquietantes se encuentran en Aragón, en tres comarcas oscenses, lo que ha conducido a estas demarcaciones a la fase 2 de la «desescalada». Con los socialistas siempre hay que estar pendientes de los brotes, verdes aquellos de Zapatero que nunca llegaron, y negros estos de Sánchez que esperemos que nunca regresen.

Habremos de acostumbrarnos a que la «nueva normalidad» penda de un hilo hasta que exista vacuna o medicina eficaz contra el Covid. Ha ocurrido en Alemania tras el «reconfinamiento» (también con comillas porque la palabra no existe, como «desescalada») a 362.000 personas por un brote surgido alrededor de un matadero de Renania del Norte Westfalia, donde han dado positivo mil y pico de sus seis mil trabajadores.

En Corea del Sur, que ha sido puesto como ejemplo de cómo afrontar eficazmente la pandemia, andan también muy preocupados por una segunda ola del maldito patógeno en el área metropolitana de Seúl y ya piensan en medidas como reforzar el distanciamiento social.

Si esto ocurre en países considerados «modélicos» en el tratamiento de la pandemia, qué no ocurrirá en España, señalada por los analistas internacionales (incluidos los de la prensa progresista) como uno de los países que peor lo han hecho en esta tremenda pesadilla, pese al docto criterio y la fanfarria autocomplaciente de Adriana Lastra o cualquier otro estadista de similar solvencia. Sacar pecho después de más de 40.000 muertos (los 28.000 que dice el Gobierno y los otros 13.000 que según el doctor Simón «tenemos ahí…») es un estéril intento de tomar por bobos a los españoles.

Es una lástima que ese pulso firme y determinación en coger el toro por los cuernos que ahora muestra el Gobierno no lo tuviera en febrero. Pero en cualquier caso sean ahora bienvenidos e incluso reforzados con medidas en los aeropuertos, puertos y fronteras para evitar casos importados.

Aquí Ábalos tiene tarea después de prometer que todo el que llegue a España pasará tres controles, esperemos que más rigurosos que los que se saltó Delcy aquella entretenida madrugada de enero en la que el ministro le fue abriendo, obediente, todas las puertas de Barajas.

Álvaro Martínez ( ABC )

viñeta de Linda Galmor