OTRO ERROR MÁS

La ola de populismo que recorre Occidente manifiesta particular querencia por este suelo patrio que pisamos. Desde el Supremo hasta el Gobierno, no hay quien deje pasar una jornada sin asombrar a los buenos ciudadanos.

Lo inquietante es que cada día se inventan nuevas normas y leyes que, de alguna manera, nos van dejando al borde de la ilegalidad. Por ejemplo, el empeño contumaz del Gobierno de Sánchez de restringir la libertad de opinión cuando alguien quiera estudiar, valorar e incluso ponderar cualquier iniciativa nacida en la etapa franquista.

Pongamos algunos casos. Radio Nacional de España, RNE, se inauguró en enero de 1937, en plena Guerra Civil. Un año después, Serrano Suñer creó en Burgos la ONCE y su cupón. ¿Vamos a ilegalizar todo eso por el simple hecho de haber visto la luz en esa época y ser iniciativas de claro carácter público?

Inexplicablemente, Franco se ha convertido en un problema para este Gobierno. Pero el problema, como siempre, es el ataque a la libertad de expresión. Cuando los gobiernos legislan para colocar a los ciudadanos al margen de la ley, todo puede degenerar.

El Astrolabio ( ABC )