OTRO VIRUS Y EL MISTERIO DEL PAPEL HIGIÉNICO

Son tantos los frentes, es tan crucial y grave todo lo que nos está pasando, que resulta difícil mantener la calma y abrir un espacio a la esperanza, que en las malas suele ser una reserva natural que guarda el ser humano. Por ahora, lo único que suben son los infectados y los fallecidos, cifras tan malas como las que acompañan la congoja que provoca el cataclismo económico que ya está aquí.

Caen uno a uno los ERTE, regulaciones temporales (de momento) de empleo en compañías que o han suspendido su actividad o la han reducido de manera abrupta. Burger King, Ford, Volkswagen, Michelin, Iberia, la Unión Deportiva Las Palmas… Grandes, medianas y pequeñas empresas; la industria, los servicios, el

 fútbol… No hay sector que se salve del desasosiego, especialmente el de los autónomos, principales empleadores del país que, a estas alturas, aún no saben qué hacer con las cotizaciones a la Seguridad Social.

Al miedo a ese virus canalla se suman otros espantos, como el de perder el empleo. Por eso parte de la población sigue arriesgándose a encontrar el vagón de Cercanías convertido en una lata de sardinas, como ayer ocurrió en un línea averiada en Madrid.

Es difícil entrar en la cabeza de quien, tras estar tres días recibiendo mensajes de que no se acerque a nadie a menos de un metro, se mete a codazos en un tren atestado. Esta crisis está dejando incógnitas irresolubles, como la fiebre por el papel higiénico.

Ante tanta incertidumbre era importante contar con un Gobierno de una pieza, cabal y cohesionado, que hubiese sido capaz de anticipar la respuesta temprana al desastre que asomaba las orejas desde Oriente. Hoy saldrán a la luz las medidas económicas que Sánchez tuvo que haber alumbrado hace quince días.

Y si no, hace siete; y si no, el pasado sábado en el Consejo de Ministros del estado de alarma, en el que en vez de dedicarse a reñir con Iglesias hubo de mandar a este a Torrelodones, a que siguiera la cuarentena, hubo de aprobar un paquete de medidas económicas solvente que aliviara la zozobra de millones de españoles.

No lo hizo y al miedo al virus se une el temor a un Gobierno incapaz, aturdido por las dimensiones del desastre. Quizás esa desconfianza a un Ejecutivo superado ayude a resolver parte del misterio del papel higiénico.

Álvaro Martínez ( ABC )