OTROS LÍDERES

Es el tiempo de los filósofos, de la gente sabia considerada inútil, a la que nadie les da trabajo y tampoco les hace caso. Es el tiempo  de esos  hombres y mujeres  a los que les gusta es pensar, y que ejercen una profesión,  considerada no rentable por una sociedad que no tiene respuestas a lo que nos está sucediendo

Algunos creen que los importantes son los estrategas de la nada, los comunicadores de lo incierto, los charlatanes de trinchera y los estómagos agradecidos  organizados en una legión defensora de quienes les dan de comer, mientras otros pasan hambre y sed de justicia, porque se sienten solos.

Ahora no es el momento para la desunión porque de ésta solo salimos agarrados de la mano unos y otros, pero a los que sobrevivan les quedará el dolor por haber perdido a los suyos, la memoria de lo que hicimos y la inteligencia sobre lo que deberemos hacer, y en entonces serán imprescindibles los filósofos, para que el pensamiento vuelva a estar de moda y los eslóganes publicitarios se pudran en los cajones del olvido, por inútiles

El mundo va a ser distinto y los que no aprovechen esta ola de solidaridad y responsabilidad que da sentido a la vida se van a quedar fuera de juego, porque la gente que lo está dando  sin pedir nada a cambio es una mayoría que guardará en su piel las huellas del sufrimiento y la memoria de lo que ha pasado.

Cuando superemos esta prueba como sociedad, no solo se habrán quedado en el camino los que se fueron sino también muchos de los que sean incapaces de entender el nuevo mundo al que nos vamos a enfrentar, porque afortunadamente  no todo será igual.

Estamos viviendo una situación  para muchos incomprensible, para otra absurda y  solo los que aún no se han enterado de qué va esta vaina necesitarán asistencia psiquiátrica porque su mundo se les hundirá debajo de los pies.

Frank Kafka en 1915  escribió “La metamorfosis”, y aunque cuando leí ese pequeño libro que algunos han traducido al termino más castellanizado “la transformación”,  no pude imaginar que el absurdo que el autor judío nacido en Praga creó en su imaginación, acabaría pareciéndose a la realidad que estamos viviendo un siglo y cinco años después.  El bicho en el que se convierte el protagonista, Gregorio Samsa, es un macabro símbolo de un absurdo que nosotros como sociedad sí vamos a superar.

Después de una crisis de estas dimensiones nada será lo mismo: aparecerán nuevos liderazgos en todos los partidos porque a día de hoy ninguno de los que existen, y digo ninguno, posee ni el arrojo, ni la inteligencia, ni la valentía y tampoco la generosidad necesaria para dirigir un país como el nuestro. Pero lo más importante será que dejara de existir el silencio de los que estos días han asumido el protagonismo  de la solidaridad.

Diego Armario