Les han indultado el crimen, ahora les apañan el perdón por el robo. En su grotesca zafiedad, Ávalos no ha podido ser más soez en la proclamación de lo que su Gobierno de cipayos está dispuesto a hacer: “Las causas abiertas contra los independentistas en el Tribunal de Cuentas son piedras en el camino”. Financiaron el crimen con dinero público.

Lo robaron, y para el Gobierno felón que padecemos con cobarde mansedumbre, el botín, sus cuentas y el rastro de sus falsas facturas no son más que piedras en el camino. Ya están en marcha sus zapadores y sus peones camineros para echar esas piedras a las cunetas de la concordia, que es como ellos llaman a la impunidad del crimen y del robo y a la inmunidad de la que gozan los sicarios y los ladrones del separatismo catalán.

Ávalos es un hortera endomingado, una acémila socialista que cocea con la lengua la independencia de los Poderes del Estado para salvaguardar la permanencia en la Moncloa del partido que le echa de comer. Alfonso Guerra certificó la muerte de MontesquieuÁvalos vomita su bosta sobre el “Espíritu de las Leyes” cada vez que abre la boca para justificar los indultos de los delitos de Lesa Patria, sedición y latrocinio para alfombrarles el camino de la concordia a los separatistas catalanes.

Hay un viejo refrán español que explica muy bien las Leyes de Mendel y de la herencia genética: “Puta la madre, puta la hija, puta la manta que las cobija”. La genética del PSOE está toda sintetizada en la atrocidad conceptual y política, legislativa y jurídica, expuesta en 1910 por Pablo Iglesias, en su primer discurso parlamentario: “Aceptaremos la ley sólo cuando nos sea propicia, cuando nos sea adversa la vulneraremos abiertamente…

 ¡Qué sabio es el refranero español! Y qué estúpida la chusma que sigue creyendo que el PSOE es un partido democrático abanderado de la libertad. Lo dicho “puta la madre, puta la hija, puta la manta que las cobija”.

El imperativo categórico de la genética que hace que la cabra tire al monte y que el PSOE se acurruque siempre, siempre, siempre bajo la manta de los traidores a España.

Rduardo García Serrano ( El Correo de España )