PABLO COMO IMELDA

Pablo Iglesias, miembro de la Orden Gubernamental de la Pomada, ha recomendado pomadita a los que considera enemigos. Suyos y del pueblo. «A quien siempre ha mandado en este país le produce urticaria que gente como nosotros esté en el Consejo de Ministros…

Ya sé yo que les da urticaria. Pues pomadita», ha dicho al periódico portugués «Expresso». No sé cómo Halibut no le ha ofrecido un anuncio como el que hacía Terelu Campos para calmar los muslos escocidos.

Me gusta mucho cuando Iglesias habla en la entrevista de los dueños de los medios de comunicación que utilizarán sus medios para tratar de influir. Informar y tratar de influir, menuda sorpresa en un periódico. Lo raro es vender sartenes y fregonas, señor Pulitzer.

Y me gusta cuando lamenta los ataques al Gobierno de coalición por parte de «la ultraderecha política y, sobre todo, mediática», dispuesta a «romper todos los consensos y asumir incluso formas de golpismo». Amárrame los pavos. Como dice Sergio del Molino, «Podemos, que iba a acabar con el “Régimen del 78”, ha cumplido su promesa, pero para instaurar el franquismo».

Esto es a propósito del muy independiente medio «La última hora». «Desde la prensa del movimiento no veíamos en España un periódico creado por un partido en el Gobierno y dirigido por un miembro de ese partido», sigue el autor de «La piel» (Alfaguara), que sabe mucho de escozores.

Podemos ha mandado una carta a sus inscritos («Querida inscrita, querido inscrito») donde elogia el nuevo medio de comunicación dirigido por Dina Bousselham («nuestra compañera» y chica Negre de Pablo) pidiéndoles que se hagan socios de tan necesario digital comprometido con la democracia y libre de «ataduras económicas para señalar a los grandes poderes». O sea, que suelten el dinero para contribuir a tan noble causa. Ni que decir que tiene más influencia el whatsapp de mi tía abuela y las amigas de brisca con todas sus mentiras o medias verdades. Pero señalar. Qué bonito.

¿Se acuerdan de aquella foto de Cristina Cifuentes donde dos indeseables feísimos le gritaban por la calle a una distancia muy pro Covid-19? Señalando. Hay una escena en «Lola la Piconera» (1951, Luis Lucia) en la que Juanita Reina canta lo de «Con las bombas que tiran los fanfarrones…» a la cara de un oficial francés paseado con los ojos vendados.

Me siento como Juanita Reina cada vez que Pablo Iglesias habla (y no querría yo insultar a Juanita Reina), con la necesidad de cantarle pero sin estar enamorada del franchute. Contestando a sus melonadas de vicepresidente de los descamisados. Lo escucho o lo leo y más que a Evita me recuerda a Imelda Marcos en el documental «The Kingmaker», donde se expresa como si fuera la salvadora de Filipinas.

Me fascina Iglesias hablando de los que quieren «doblar la voluntad democrática de los españoles» (no digo que no haya, pero no son los que él señala). O de los que siempre han mandado en este país teniendo el parque móvil de la Guardia Civil en su calle porque le hacen ruido. Parece Pérez de los Cobos más demócrata que Marlaska.

O que hable de «la patria», que en su boca sabe a «Patria o muerte». Patria y bandera. Espera, que ahora la bandera de España es la mascota de una fraternidad universitaria que se puede robar por unos niñatos (de derechas o de izquierdas).

Ya lo cantaban las Vainica Doble: «No marques mi compás, amigo. Si vas delante iré detrás antes que contigo». Y ya lo cantaba Juanita Reina: «Cañones de artillería. Aunque pongan los franceses cañones de artillería no me quitarán el gusto de cantar por alegrías».

Rosa Belmonte ( ABC )