PABLO, CON LOS NUDILLOS GASTADOS

La escena de los que han desafiado a la Constitución y a la Monarquía Parlamentaria en el Hemiciclo puede interpretarse bien como en el poema de Kavafis -en el que el emperador aguarda para recibir al jefe de los bárbaros-, bien como la escenificación de un un Parlamento avanzado, en el que se respetan los derechos de los procesados.

Ha empezado la segunda Transición. Se jubila una casta política y llega otra, que no sabemos si es peor o mejor, pero es distinta. Como suele decir uno de los asesores de Pedro Sánchez, en estos tiempos gaseosos más que líquidos, allí donde hay fragmentación hay oportunidad.

Se necesita convivencia, dialogo y ley, pero hemos entrado en otro tiempo. Se acabó el monocolor, el bipartidismo. No tenemos ni idea sobre el Gobierno que planea Sánchez ni sobre si para hilvanarlo va a necesitar a los separatistas o no. Tiene mayoría con la geometría variable; en los momentos decisivos contará con el apoyo de los indepes porque si no, será peor para ellos y porque esperan el indulto después de la condena, que será seguramente dura. El indulto no será fácil, ni tan pronto como algunos creen.

Los críticos de Unidas Podemos se quejan de que Pablo Iglesias tenga los nudillos desgatados de tanto llamar a la puerta de Sánchez. Esperan el gran tirón del PSOE en las municipales y autonómicas y ya ven a Errejón en el Gobierno de Gabilondo. Me dice un dirigente de la izquierda: «Los de Podemos tratan a Sánchez con guante de seda y eso, a la larga, nos situará otra vez en la bisagra permanente. Hemos salido del centro del tablero, pero volvemos a ser maestros en el arte de convertir las derrotas en victorias».

La legislatura se ha iniciado entre voces, insultos y pateos, como ocurre desde que los senadores romanos daban con sus anillos contra el mármol. Mejor que los escándalos sucedan en el escenario del Parlamento que en la calle. A los españoles les fascina el teatro. Escribió Nestor Luján que el madrileño del barroco iba al teatro porque «necesitaba exaltación patriótica y el soporte de una ideología monárquica y católica a machamartillo». Hoy, las funciones exaltan el patriotismo o la felonía; unos actores interpretan el auto sacramental y otros, el esperpento.

En la sesión -que tenía el martes y tenía el XIII- volvieron los basiliscos, los apóstatas, los tramposos, los bufones y, como siempre, los jabalíes, los tenores, los arbitristas y los repúblicos. Nada nuevo, señora baronesa. En ese mismo Hemiciclo se han sacado pistolas y se han pronunciado sentencias de muerte, cuando se cantaba la Marsellesa o la Internacional con el puño en alto y en pie.

Raúl del Pozo ( El Mundo )