PABLO: COOPERACIÓN NO ES COALICIÓN

Después de unas horas de suspense e incertidumbre, de aritmética parda, de bobadas, de lucha por el botín, de la oposición como farsa, de festival de odios y vanidades, esto se mueve. Pedro Sánchez recibió en Moncloa a Pablo Iglesias, 43 días después de las elecciones, y hablaron de un «Gobierno de cooperación en un tono positivo» según Iglesias.

Y añadió con una inmensa inocencia, entre el cliqueo de las cámaras: «Tengo la impresión de que Pedro Sánchez no me miente y de que quiere un autogobierno con nosotros». No se habló de ministros sino de un Ejecutivo abierto a otros partidos. ¿Qué quiere decir Gobierno de cooperación? Un Gobierno no de coalición, sino de auxilios mutuos, plural, quizás, con personalidades cercanas a Podemos. Según Adriana Lastra, «plural», «sin vetos», «integrador», «inclusivo», «no cerrado como son los de coalición», la novena maravilla del mundo.

A la misma Vox, Ciudadanos y el PP alcanzaron un acuerdo -la izquierda le llama pacto de la vergüenza– para dominar la Asamblea de Vallecas y poner en marcha la alcaldía del Ayuntamiento de Cibeles, este sábado, y la presidencia de la Comunidad de Madrid, el 11 de julio. Eran las primeras noticias de capitulación después de horas de chantajes y bloqueos.

La posibilidad de que el PSOE se quedara con la Cámara han obligado a las tres derechas a tragarse sus vetos y a aceptar lo que aborrecían. Decidieron votar a Juan Trinidad(Cs) como presidente de la Mesa. Ignacio Aguado pidió los votos a Santiago Abascal, como si le pidiera la mano, para escenificar el apareamiento que Albert Rivera no quería ver. Apagó la tele y se lavó las manos, aunque después Vox anunció un acuerdo con el PP para entrar en gobierno de Madrid sin contar con Cs.

Se avanzaba en la conquista de la Comunidad de Madrid por las fuerzas de centroderecha.

Estos pactos han mostrado el bajo nivel de nuestros políticos. El horizonte se ennegreció después de que Pedro Sánchez anunciara, tras la reunión de la Ejecutiva Federal, que no es descartable una repetición electoral. Los socialistas piensan que en esas elecciones, arrollarían, pero hay quien teme que ganaría el partido de la abstención. Hay en el aire el riesgo de una investidura que pueda retrasarse un par de meses.

La pretensión del PSOE de gobernar en solitario, prescindiendo de Podemos y de los independentistas parece difícil. Los otros partidos continúan con la obstrucción de alternativas, mostrando el odio que se tienen, además del desprecio que inmoviliza el país. Ahora son todos obstruccionistas con vetos cruzados y Sánchez, el del «no es no», el que pide abstenciones gratuitas. El PP y Ciudadanos ya han dicho que dificultarán la investidura.

Raúl del Pozo ( El Mundo )