PABLO IGLESIAS: VIRTUD O » VIRTÚ »

Maquiavelo rompe con la idea de la virtud cristiana y le da a la virtù un significado distinto: la capacidad de hacer frente a la fortuna, alcanzar el honor y la gloria en la acción política, con inteligencia, prescindiendo de la moral. Los partidos españoles, incluso los que se dicen ateos, practican la virtud teologal, no la del florentino. EL MUNDO ha criticado el populismo buenista del Gobierno y de sus aliados, ante la emigración o el conflicto catalán. El País califica el debate parlamentario de miserable.

«Lo que el Parlamento está ofreciendo estas semanas a los ciudadanos se parece más a una algarabía entre fariseos prometiendo la virtud que a un debate político». Todos los partidos hacen política con una moral de márketing. Los políticos van de predicadores y nos dan la vara con asuntos de sexualidad, o nos dictan los comportamientos correctos ante los huesos de Franco, las pateras, el conflicto catalán o las relaciones de género.

La izquierda culpa a la derecha de los recortes, la corrupción, los desahucios, los vergajazos del 1 de octubre; la derecha achaca a la izquierda un afán moralista que oculta un nuevo puritanismo y la idea de ñoña y ternurista de transformar el Estado en una ONG.

Pablo Iglesias, marxista, autor del libro Maquiavelo junto a la gran pantalla, acaba de pedir a Ana Pastor «un referéndum parecido al de Escocia o el de Quebec». Se muestra leal a los que intentan destruir una Constitución que no contempla el derecho de autodeterminación. Eso no es virtù para defender la unidad del Estado, como hizo Maquiavelo en Italia, sino virtud de abades y carlistas para iniciar la demolición de un Estado democrático. Los proindependentistas insisten en la estúpida teoría de que las palabras no delinquen cuando es sabido que son pistolas cargadas; defienden los plebiscitos ilegales como actos democráticos.

Los políticos españoles, no sólo los populistas, practican ideología santurrona, ternurista, religiosa cuando el papa Francisco teme que le estén pisando el terreno y avisa a lo fieles diciéndoles que la fe pasa por un alambique y se convierte en ideología, mientras las ideologías interpretan el papel que tuvo la religión en el pasado. «Hay que cuidar del prójimo -dice el Pontífice- pero sin buenismos ingenuos».

En el pasado la religión fue una ideología que ocasionó catástrofes. Yahvé -según el científico Richard Dawkins- mató a 2.270.365 personas (sin incluir entre las víctimas las de Sodoma y Gomorra ni las del diluvio universal). Algunos políticos de hoy adoptan el papel que tuvo la religión en el pasado. Incluso los que se dicen marxistas y partían de la ciencia y de la virtù.

Raúl del Pozo ( El Mundo )