PAÍS DE INSENSATOS

España se nos ha llenado de insensatos a los que les importa un bledo la pandemia. Se explica. Está dirigida por un insensato como Pedro Sánchez, que quiere ser más que el Rey, y no asiste en La Almudena al funeral por las víctimas del Covid porque no quiere ser menos que Su Majestad y no protagonizar el acto.

Igual que lo de «en mi hambre mando yo», en mi ego mando yo, y me invento un almuerzo en Portugal para tomar el Falcon y quitarme de enmedio. Y este insensato en cuyas manos estamos le ha dejado la comunicación de su responsabilidad a Don Simón, que no sólo no sabe cuántos muertos ha habido, sino que no le da la menor importancia al dolor: son estadísticas.

Nunca pudimos pensar que íbamos a vivir una situación así, con un comunista de socio del Gobierno imponiéndole al presidente la «hoja de ruta» para llegar lo más pronto posible a la negación total de las libertades y a la ocupación del Estado por paniaguados de ambos partidos, sin separación de poderes que valga.

Antes era lo de «cada día trae su afán». Ahora, cada día trae su disparate, menor que el de mañana. Lo más preocupante es la sensación de que aquí no ha pasado nada ni está pasando nada. No sé cómo estará la cosa dominicial en la comarca lucense de La Mariña, ojalá se haya solucionado. Pero no es lógico que aíslen a 80.000 personas…hasta el viernes, porque el domingo son las selecciones.

Lamentamos que tras aquel trágico 11-M no se suspendieran las elecciones, porque España no estaba en condiciones; ahora es como una miniatura gallega de aquella situación. ¿Cómo se van a celebrar elecciones con Mondoñedo o Ribadeo recién salidos del aislamiento o aún aislados? Y algo que han anunciado y no se le ha dado la menor importancia, pero es horrible: no podrán votar los que tengan el Covid.

¿No hablamos en su momento del pasaporte sanitario, idea luego descartada? Pues en Galicia van a poco menos que exigirlo para poder votar. Si te contagian el virus te privan, además, de tu derecho al voto, ¿usted ha visto algo más descabellado? De esto a la campanilla con la que anunciaban por la calle el paso de los leprosos y apestados estamos a cinco minutos.

Y de mascarillas, mucho diseño, pero muy poco uso. En vez de exigir la obligatoriedad decretada, y que la Policía lo vigile, y multen a quien no la lleve en lugares públicos y aglomeraciones, aquí de las mascarillas nos hemos quedado con la parte pintoresca de su diseño.

Antes las mascarillas, cuando no había quien las encontrara, estaban en las farmacias, en sus distintos formatos, la quirúrgica, la FFP2 o la FFP3. Ahora las mascarillas son un desfile de modelos. Preciosas. Las hacen blancas para que combinen con el vestido de la niña en la primera comunión. El otro día, en un mitin del PSOE en la campaña gallega, todos los participantes la llevaban de color rojo, y me imagino que con el escudo del partido. Las hay negras, estampadas, de lunares, de propaganda.

Pronto las veremos hasta de marca, Gucci y Loewe. Ah, y con todos los escudos imaginables. Mascarillas con el escudo del Barcelona y con los colores y las trece barras del Betis. Otra cosa es que se usen, sobre todo en esas botellonas que los chavales insensatos de los festolines del calimocho hacen por las noches en los lugares públicos, sin que venga la Policía a echarlos cuando llaman los vecinos para denunciar el peligro.

¡Hala!, todos juntos, a cara descubierta, sin guardar distancia alguna. ¡Vengan contagios! Los partidos finales de la Liga de Fútbol han de jugarse a puerta cerrada, pero para las botellonas, puertas abiertas y permisividad de insensatos.

Ah, y las mascarillas y esos guantes que cada vez se usan menos, tirados al suelo. Protestan cuando van a poner un cementerio nuclear, pero no consideran que cada mascarilla tirada al suelo es un peligro mayor, como una bomba vírica que tardará mucho tiempo en que sea destruida.

País de insensatos.

Antonio Burgos ( ABC )

viñeta de Linda Galmor