El contexto real se nos presenta en la actualidad como una tragedia perenne sin mayor solución a la vista que permitir que el virus se expanda permitiendo que lo haga fuera de control. No cabe duda de que es una tragedia. Lo que ya ha acontecido no tiene solución.

No hay marcha atrás para quienes descansan bajo tierra. No hay marcha atrás para quienes padeceremos sus ausencias. La muerte no es un final abierto, al menos que sepamos; de ahí el sufrimiento, de ahí la necesidad de tener fe en trascender a la vida terrenal. El tiempo que perdamos en lamentarnos es tiempo perdido.

Es momento de infundir ánimo, de consolar a quienes sufren, pero sobre todo de exigir. De exigir recursos, de exigir medios, de exigir camas en los hospitales, de exigir profesionales, de exigir a quienes ingresan más dinero que igualen sus salarios o que los grandes empresarios entreguen los beneficios ―chupando de nuestros bolsillos― obtenidos ¿lícitamente? con la venta de mascarillas, guantes, gel hidroalcohólico, con la publicidad en programas basura de televisión, en propaganda partidista…

Esta es la prueba que necesitamos para creernos el compromiso de estos parásitos con el problema de salud pública. Mientras, seguiré pensando que siguen haciendo lo mismo a lo que están acostumbrados: sacar tajada.

Es el momento de exigir, de exigir sin miedo y sin contemplaciones. Y nos dirán que estamos atravesando una crisis económica. Sí, puede que sea cierto, pero ese dinero no se ha volatilizado. Ese dinero está concentrado en unos pocos. La crisis que se avecina no está cimentada en la crisis de la COVID19, viene de muy atrás. Y todos lo sabemos.

Y también sabemos que nos habéis vendido y que estamos en vuestras manos, que queréis comprobar nuestros límites. Dejad de apretar, ¿no tenéis ya suficiente poder? Es obvio que os importa más el dinero que la vida.

Pero no quiero ser hipócrita y voy más allá. Nuestra especie necesita de los vegetales y de los animales para sobrevivir. Atentamos contra la vida de los recursos de nuestro planeta a diario. Esto obedece a una lógica cuyo límite deberíamos definir.

Todos necesitamos comer, independientemente de nuestro salario. Todos queremos una calidad de vida digna. Pero cuando el poder está en nuestras manos no sabemos utilizarlo más que para explotar a las distintas formas de vida.

Distingo ahora una nueva forma de vida, una nueva especie: la de los poderosos, la de aquellos que abusan de nosotros como nosotros abusamos de los animales, de las plantas, de los minerales… Esta cadena destructiva debe de parar, si no será nuestra propia naturaleza ―o Naturaleza― la que nos coma a nosotros. Como en Los pájaros.

Como en Los pájaros os observaremos cuando la COVID amaine, atentos a las decisiones que tomáis en vuestros despachos y en vuestras mansiones. Ojalá tengamos el valor de picotearos lo suficiente como para que tengáis tanto miedo de nosotros como al que nos exponéis. Sois unos buitres inconscientes borrachos de poder. Y os está sentando tan mal que olvidáis una cosa: no somos carroña, somos personas.

Y podemos actuar.

David Fernández Agredano ( El Correo de España )