Cuando yo era niño si un chaval nos decía a los demás “palabra de honor” no había huevos para no creerle porque el otro tampoco los tenía para mentirnos. Carecíamos de muchas cosas, no teníamos juguetes electrónicos porque no existían, pasábamos más tiempo en la calle que en nuestras casas, llevábamos un tirachinas en el bolsillo posterior de nuestro pantalón corto, algunos cantos en el otro, un trozo de pan con mantequilla y una onza de chocolate, y el resto del día por delante para soñar.

Teníamos nuestras normas, sabíamos quiénes eran nuestros amigos y quiénes nuestros rivales y por alguna razón que flotaba en el ambiente, aunque nadie nos la había explicado, éramos conscientes de que existían unas normas no escritas que nos obligaban a conservar la dignidad de la palabra dada.

Eso no significaba que no dijésemos de vez en cuando alguna mentira a nuestros padres o profesores, pero a la gente que confiaba en nosotros no los traicionábamos, sobre todo si en algún momento les habíamos dicho la frase “palabra de honor”.

Sé que estoy hablando de un tiempo que ya no existe en el ámbito de la convivencia social y política en nuestro país porque los indecentes les han hecho la competencia a los pillos , les han ganado la partida y han ocupado todo el espacio.

Ahora la palabra dada solo se cotiza en espacios privados o ante algunos tribunales de justicia porque el espacio público de la política se ha convertido en un barrizal de indecencia en el que sobreviven algunos hombres y mujeres que no tienen nada que perder o que lo han perdido todo y ya les da lo mismo.

Hay momentos cumbres que para algunos pasan desapercibidos pero que merece la pena subrayar como el que se produjo ayer en el Parlamento   cuando “Don Vito Rufián” le advirtió a A Capone  Sánchez que no prometiese que jamás habría un referéndum de independencia en Cataluña porque también prometió que jamás habría amnistía y la ha habido”.

Entiendo que Pedro Sánchez no le eche cuentas a la oposición cuando le llama mentiroso, pero que sus propios socios que le sostienen en el gobierno a los que les está dado de todo lo que le exigen, también le digan que no tiene palabra ni honor, es algo más incómodo.

A Pedro Sánchez le tiene cogida la medida todo el mundo menos su sastre, y así le va porque ha agotado el ciento por ciento de su crédito incluso con los que le están sacado hasta la hijuela.

Diego Armario