Palabras de dolor

Dicen que los poetas son gente incomprendida que vive en mundos que no existen salvo para ellos y quienes, a veces, consiguen entenderlos, pero  los que hacen esta reflexión ignoran que el alma, torturada o no, es la fuente de esos versos.

Tal vez la diferencia entre un vate y un fabulador de historias que se escriben con todas las letras del abecedario, es que ellos necesitan menos palabras para compartir sus sentimientos, porque las borbotean entrecortadas, a veces a golpe de pasión,  y casi siempre con el dolor que les produce abortarlas.

Leer poesía debería ser obligatorio porque los que provocan emociones encontrados que unas veces conducen a la esperanza y otras al pesimismo, son personajes necesarios en un mundo de frivolidades en el que casi todos  se entretienen en  observar lo que transcurre a  su alrededor,  y  son pocos se miran hacia adentro.

Ha caído en mis manos un poemario que se titula “El ojo del abismo toma de la mano el arco iris”,  escrito por Antonio Nieto Rodríguez y editado por “Cuadernos del laberinto” y me han agarrado sus versos, casi todos provocadores, a veces  procaces, y casi siempre prometedores, aunque no necesariamente de esperanzas, pero sí de realidades que pueden estar por venir.

Son unos versos que no dejan indiferente al lector. Le hacen pensar. Le  llevan a discutir contigo mismo y con quien los ha sacado de dentro de sus entrañas. Le desmontan  los tópicos y le devuelven a su zona de confort cuando se olvida de ellos.

Dice el autor que el silencio es el ruido de las vísceras, y entre sus versos hay más lamentos que esperanzas porque cree que “nos han secuestrado la alegría y han transformado nuestros derechos en concesiones”.

Tal vez deba empezar a leer más poesía, porque la que recuerdo es la que tenía rima, y hablaba del amor  o del dolor, pero estoy descubriendo en este poemario que las palabras en forma de puñetazos contra la conciencia, no necesitan rima para impregnarnos de su mensaje.

Cuando alguien escribe mirándose su propia alma se desnuda ante los demás , porque solo los poetas carecen del pudor de reservar para sí mismos  esos sentimientos.

Diego Armario