PALABRAS DESNUDAS

Me gustan las palabras desnudas porque son las únicas que aún no han pasado por el prostíbulo de la política donde se decide el significado que conviene otorgarle,  en cada caso,  a la acepción que elijan para convertirla en una bomba fétida.

Los nazis decidieron llamarle  “solución final”  al holocausto  contra el pueblo judío porque entendían que  calificar el proyecto de eliminación física de millones de personas  con el nombre de “asesinatos en masa o crímenes contra la humanidad”, no les dejaba en buen lugar ante la opinión pública y por lo tanto era necesario edulcorar  la masacre.

Hoy existe menos imaginación que entonces para buscar expresiones que disfracen la cruda realidad,  y en vez de crear frases ocurrentes se manosean palabras que tenían una significación digna hasta convertirlas en un producto de deshecho porque han perdido su valor inicial, y la credibilidad  que les acompañó durante el tiempo en el que nos  pertenecieron a todos.  Han devenido en un producto de propaganda  huérfano de todo valor. Los políticos las han secuestrado del diccionario  y las han incorporado al vocabulario  más mendaz.

Hasta tal extremo se ha llegado en la utilización bastarda de algunas palabras que si hoy se le pregunta a gente joven y no muy leída qué significa ser progresista lo identifican con la propuesta política de Pedro Sánchez, que aunque es cambiante, contradictoria, y escasamente fiable contradice la tradición política de esa corriente que se inició en España en el siglo XIX en el seno del liberalismo, continuó durante la Segunda República y  tras la dictadura de Franco reapareció  en el propio Psoe de Felipe González y en el partido UPyD de Rosa Diez.

El matiz liberal es el que ha desaparecido en la utilización oportunista del progresismo para ser sustituido por una coartada en virtud de la cual las ideas no importan porque lo que interesa es el poder como forma de confrontación incluso con la ideología liberal que estuvo en su origen.

Hoy el progresismo de Pedro Sánchez y Podemos  les permite convivir con los herederos ideológicos de los nazis representados por Torra, Puigdemont y sus compañeros del lazo amarillo que persiguen, agreden y aíslan a los catalanes no independentistas, con un terrorista secuestrador como Otegui , o con condenados por el asesinato de un empresario catalán.

Ya no existen palabras desnudas. Todas huelen al perfume barato de las casas de lenocinio regentadas por gente que no ama el lenguaje, lo manosea, lo ensucia, lo transforma en confuso y lo utiliza para embaucar a los incautos o a gente poco leída.

Palabras como verdad, promesa, compromiso, lealtad,  honra, coherencia, diálogo, y progresismo han perdido el significado semántico que una vez tuvieron y también su valor político.

Diego Armario