EL PALMAR DE TROYA CATALÁN

Tal como está el patio entre los curas independentistas catalanes cualquier día el obispo de Solsona, Xavier Novell,  monta una basílica para dar culto al mártir Puigdemont y a su cohorte de apóstoles que predican la mala vieja, porque lo de la buena nueva no va con ellos.

Antes de que alguien con autoridad en esta materia  me pida que no me meta con temas eclesiásticos,  diré que no lo hago por molestar a ningún aficionado a estos asuntos de sotanas, alzacuellos, sermones y aguas benditas,  pero creo que me asiste el derecho a subrayar que echo de menos que algún superior jerárquico de este prelado supremacista le diga que haga como el dictador Franco,  a quien tanto cita y añora una cierta izquierda, que nunca se metió en política.

He visto una foto suya dando un sermón en el Santuari del Miracle, municipio de Riner de Lleida, con el báculo bien agarrado y la mitra calada hasta las cejas.

Me ha recordado al falso papa del Palmar de Troya  y creo que no se diferencien demasiado porque la ultraderecha y los nacionalistas  beben de la misma fuente.

No es que me extrañe que este hombre de iglesia utilice el púlpito para hacer propaganda favor de la causa, ni que llame guerrilleros a los policías y guardias civiles  o defienda la desobediencia a las leyes, porque en todas las sectas  – y el independentismo catalán lo es – se necesitan sumos sacerdotes que impartan doctrina, y eso se nota en la reacción de sus fieles.

Ayer critiqué duramente  a José  María Mainat,  ex miembro de la Trinca y productor del programa Operación Triunfo de TVE, porque en un tuit decía  Me cago en el Reino de Españaen sus políticos, en su justicia y en su puto borbón, y una señora  de Barcelona me preguntó que por qué odiaba yo tanto a los catalanes.

Hay demasiados obispos de Solsona repartidos por diferentes púlpitos haciéndoles creer a quienes les escuchan que sus insultos son legítimos y  que las respuestas de los demás son agresiones.

Las iglesias nacionalistas siempre estuvieron hermanadas con los liberticidas y no es de extrañar porque el acercamiento al poder absoluto, forma parte de su más indeleble  estrategia.

Como dije aquí mismo hace unos días:  “ A lo largo de la historia algunos curas y obispos no han tenido ningún inconveniente en  llevar al poder bajo palio , dándoles lametazos de  incienso,  ni han sentido ningún pudor en ofrecerles la comunión a delincuentes y asesinos con uniforme militar o traje civil , que conculcaban las leyes y la constitución de sus países”.

Pero el obispo de Solsona  no está solo porque por ahí anda  ayudándole la monja Lucía  Caram, y ambos deberían saber que el sectarismo es una enfermedad que ciega,  y quienes lo propagan y alimentan no acabaran en el paraíso… aunque lleven tetas.

Diego Armaro