No me extraña que Pedro Duque haya presentado su candidatura a presidir la Agencia Espacial Europea. Al frente del Ministerio de Ciencia e Innovación no hacía una cosa ni la otra, lo que no puede satisfacer a un hombre de amplios horizontes como él, nunca mejor dicho.

En el abigarrado y variopinto gobierno de Pedro Sánchez, hay media docena de ministros y ministras de sólida formación, reconocida experiencia y capacidad para desempeñar cualquier cargo por difícil que sea. Duque es uno de ellos, no voy a citar al resto para no dañarles, pero basta oírles hablar y verles callar para saber quiénes son.

El resto son claque, personajillos que han hecho su carrera en el partido y conocen lo que se espera de ellos: que cumplan las órdenes que les dan, por catastróficas que sean y defiendan al jefe con uñas y dientes. Mucho más no saben hacer.

Lo único que me extraña de la decisión de Duque es que haya tardado tanto en tomarla, tras el papel de florero que tuvo en las soporíferas, manipuladas y a la postre inútiles ruedas de prensa sobre la pandemia. Como me extraña que sus colegas profesionales de verdad aguanten. Puede que teman represalias o les frene el reconocer que se equivocaron.

Pues el futuro que espera a este Gobierno es tan negro como el del país al que han llevado a la bancarrota y al hospital. Los 140.000 millones de euros de Bruselas difícilmente repararán todo el destrozo causado. Aparte de que la pelea por esos fondos va a ser campal.

No sólo entre comunidades del PSOE y del PP. También estarán en liza las nacionalistas. Pedro Sánchez no puede contar con la coalición que le llevó a La Moncloa. Ni Aragón, ni Valencia, ni Castilla-La Mancha, ni Extremadura van a consentir que Cataluña y el País Vasco se lleven la parte de león.

Pero si no se lo da, como le exigen, le negarán su voto. Ciudadanos, en plena crisis, puede darle los suyos. Pero le sentaría como un tiro en la sien ante su electorado. Y otro tanto puede ocurrir a Vox si sigue apostando a crecer a costa del PP con votos de (des)confianza al PSOE que sólo le favorecerán a éste.

La partida que comenzó con el desalojo de Rajoy en La Moncloa se acerca a su fin con todos amenazados, empezando por sus promotores. Incluso si Pedro Sánchez se gasta todo el dinero europeo en taponar los desgarros causados por la pandemia, le quedará cumplir la segunda misión de tal ayuda: hacer los cambios necesarios para que España se convierta en un país capaz de mantenerse a sí mismo, que incluyen ampliar las reformas laborales y reordenar las pensiones.

A lo que Podemos se opondría. Dice el refrán que quien se acuesta con niños húmedo se levanta. El que se acuesta con tramposos, se levanta sin cartera. Si son los dos, ambos. La derecha española sólo tendría que esperar a que la mentira de la izquierda la descubra.

De imitarla, caerá con ella.

José María Carrascal ( ABC )