Un ejercicio de sensatez permitiría hacer las cosas de la gestión de lo que llamamos bien común o interés general, con responsabilidad, decencia y algo de vergüenza; ajustando el gasto en prebendas, reparto de cargos, carguitos, asesorías y beneficiarios de los partidos políticos a la realidad económica y social del País en su conjunto.

O si no se tiene ningún aprecio ni sentido de pertenencia a la España que nos dio el ser, al menos al de cada uno de los paisitos en los que se divide la mamandurria de los cientos de políticos y cargos de confianza o confianza de los cargos, al gusto y distribución equitativa entre los componentes de los partidos y sus subsidiados, bien provistos de agradecidos estómagos.

El aumento del gasto público en la formación de la masa clientelar de los partidos políticos es directamente proporcional al incremento de la pobreza de la población, y en escala igualmente proporcional al sufrimiento colectivo.

Mientras la plandemia sigue sus pasos  implacables en la progresión, a golpe de persecución al ciudadano, de las libertades y de los derechos ganados a pulso con una Constitución que prometía hacernos felices pero que con el paso del tiempo no se nota apenas en sus ventajas ni en nuestro bienestar general.

Esta España de las autonomías, que alguien con acierto llamó las autono-suyas, pues reportan pingües beneficios a ellos mientras que nosotros observamos menguar paulatina pero sin pausa nuestros bolsillos, es la ruina nacional. Y apliquemos en este caso lo de nacional a lo que llamábamos España.

Aunque hayamos caído en la cuenta de que la S ha sido sustituida por una X, de la misma manera que la E del PSOE ya ha dejado de tener sentido pues nada hay más antipatriota hoy que un socialista militante de ese partido de traidores a nuestra patria.

Decíamos hasta hace poco que España tiene el doble de políticos que Alemania para la mitad de la población. Si es el doble de políticos para la mitad de población tenemos la regla de tres que nos da cuatro veces más por habitante.

Alemania es el centro neurálgico de lo que hoy llamamos la UE, y pronto llegaremos al IV Reich por méritos propios tras un proceso de reunificación subvencionado con las industrias llevadas al Rin desde España tras los acuerdos para nuestra incorporación al Club europeo.

Fíjense quienes peinan las mismas canas que yo en qué ha quedado el  INI (Instituto Nacional de Industria de tiempos que evitaré nombrar). España hubo un día que estuvo industrializada. Y también hubo un día en que la producción agropecuaria y la generación de energía nos permitía subsistir con nuestros propios recursos.

Nadie es libre si no es autosuficiente. Si dependemos de los demás estaremos a su merced, que es ni más ni menos lo que ocurre en todo lo que un día fueron las provincias de España y de ultramar, hoy desvencijadas.

Pues bien, alguien me tendrá que explicar cómo vamos a salir de ésta si con lo que está lloviendo en lugar de bajar el número de beneficiarios por el designio digital, se aumenta; al tiempo de estar ya con los hombres de negro de Bruselas pisándonos los talones.

Todo esto viene a cuento al aumento de un millón y medio más de euros en cargos públicos al servicio del binomio repartidor de prebendas del PNV-PSOE. Claro está que me refiero al Gobierno vascongado. Es decir, que hemos pasado de 17,6 a 19,1 millones, lo que significa que hay 17 altos cargos más (Viceconsejeros y Directores generales).

Y se trata de un incremento del 8,4 % de esta partida de gasto de gastos de personal de alto copete, en lo que va de mandato, que coincide con doce meses. A disfrutar, que la vida es corta.

Se me podrá decir que no es un volumen de dinero que suponga una carga determinante en las arcas públicas, pero el asunto tiene más un valor simbólico que efectivo en lo que supone del déficit en cuenta. Y hombre… teniendo en consideración que el Concierto económico da para mucho, que solamente hay 2 millones largos de población y que por tanto el saldo por cuenta corriente en la realidad financiera vasca nos lo permite, no es como para rasgarse las vestiduras.

Lo que ocurre es que las administraciones públicas, más si éstas son las cercanas a los ciudadanos, deben dar ejemplo de ahorro y de austeridad cuando se nos exige que seamos discípulos de Dracón, pero aplicándonos a los ciudadanos la parte estrecha del embudo y a ellos la ancha.

Si, como parece, estamos al borde del colapso económico, con un 125% de deuda pública sobre el PIB, y creciendo. Si dudamos, con sabia elucubración de si llegaremos, no a final de mes, sino al final del año sin tener que pedir limosna a quienes vienen a tomar posesión de nuestro patrimonio, es decir los fondos buitre que ya sobrevuelan sobre el espacio de nuestra, antaño, soberanía dessoberanizada, lo razonable sería no aumentar aún más los cargos y carguitos para beneficio del inventario de los partidos políticos.

Más bien al revés, reduciendo drásticamente el gasto en este capítulo de paniaguados. Aunque solamente sea por pundonor y un poco, poquito, de vergüenza ajena.

Pero no se preocupen, que los vascos y vascas estarán muy contentos con que se les procure un mayor socavón en el bolsillo si ello va acompañado de un buen aurresku.

Ernesto Ladrón de Guevara ( El Correo de España )