En la víspera del día de los Reyes aún hay gente suficientemente inútil que está a tiempo de pedirle a uno de los tres Magos de Oriente que les regale un Ministerio en el gobierno de España. Tal como está el patio en nuestro país, con el ejecutivo más numeroso de Europa y el Presidente que tiene en su haber el mayor número de promesas incumplidas de la historia de nuestra democracia, nadie pierde nada por intentarlo, y si no que se lo pregunten a Alberto Garzón que cada vez que abre la boca, la caga.

A mí me recuerda – salvando las distancias físicas y mentales, siempre a favor del ejemplo que voy a poner – a una chica muy guapa y atractiva que, por conservar su buena imagen, nunca hablaba en público, y cuando insistían en que dijese algo ella respondía con voz de pito “¿Pa qué, pa  cagarla”?

Al ministro más ocioso del gobierno no le importa hablar poco pero de tarde en tarde despierta de su etapa de hibernación y comete el error de salir de su cueva para contarle a la sociedad alguna de las cosas que ha vivido en sus sueños.

Cada vez que se despierta organiza alguna «gilipoyuá» en contra del sector del consumo: una huelga de juguetes a la que no acudió ningún muñeco, porque por lo visto son los más esquiroles del sector; una campaña contra el consumo de carne, aunque un día después reconoció ante uno de los periodistas del régimen que a él le gusta “poco hecha”; una propuesta al comercio exterior para que nadie consuma carne procedente de España porque la que exportamos es de vacas enfermas víctimas de maltrato animal, y alguna otra ocurrencia propia de un inútil ocioso que  serviría mejor a los intereses de España si siguiera durmiendo la siesta.

Hay otros ministros y ministres más discretos que nunca se meten en un charco, y el día que cesen en sus funciones, tendrán al menos esa condecoración monárquica que Sánchez acaba de regalarles.

Lo que nadie podrá negarle al Presidente de gobierno de España  es que, al conseguir igualar la mediocridad de algunos ministros con la suya, ha abierto una ventana de oportunidades a cualquier que aspire a formar parte del ejecutivo de nuestro Pais.

Diego Armario