Conservo en mi casa un ejemplar de la Constitución española de la edición especial de 1978 que ordenó publicar el Congreso, firmado por los diputados y senadores de aquella legislatura. Se trata de una tirada de lujo, escrita con letra gótica, que para mí tiene el valor simbólico de la decencia nacional de un pueblo plural que salía de cuatro décadas de dictadura y echaba a andar ejemplarmente por el camino de la democracia, gracias la voluntad de las mujeres y los hombres de esta nación y a la inteligencia y generosidad de unos políticos de talla que supieron cuáles eran las exigencias para la reconciliación que necesitaba España.

Cuatro décadas después, un día como hoy, en vez de festejar una fecha que simboliza esos valores la mayor parte de los socios del gobierno y algunos de sus ministros ,declaran abiertamente que no creen en los valores de la Constitución ni en algunos derechos fundamentales consagrados en ella.

Les repugna lo que hicieron los políticos de la izquierda y la derecha de aquellos años que trabajaron por conseguir ese logro y a pesar de ello los dirigentes de ex partido socialista han decidido subastar nuestros derechos invitando a ese festín a gente con la que se sienten a gusto porque son iguales que ellos.

A nadie se le oculta que los Oteguis y los Rufianes, con la intermediación entusiasta de Pablo Iglesias, le están vendiendo sus votos a Pedro Sánchez a cambio de nuestros derechos democráticos como ciudadanos, y la prueba está en que tanto el antiguo jefe de los miembros de ETA que asesinaban españoles hasta hace dos telediarios, coinciden con Rufián e Iglesias en que esta Constitución no les vale porque está hecha por gente decente para gente demócrata, y ellos no encajan en ninguno de estos dos conceptos.

Muchos españoles no estamos dispuestos a que nadie nos robe ni un ápice de libertad, porque siempre fuimos más los que conocimos a los padres de la Constitución y a los nuestros, y menos los que ni siquiera conocieron a los suyos.

Por más que se empeñen algunos ministros en superar a su jefe en la elaboración de mentiras increíbles para blanquear a sus socios, esperpéntico que la doctora en medicina Maria Jesús Montero , que hace de ministra de Hacienda, proclame que quienes han aprobado los Presupuestos lo han hecho por amor a España sin que se le caiga la cara de vergüenza.

Hoy es un gran día para cualquier persona que ame su patria y a la libertad, y por eso entiendo que no es una buena fecha para los que quieren hacer de este país una confederación de repúblicas bananeras y odian que los españoles seamos libres porque sus referentes son las dictaduras.

Diego Armario