A diferencia de lo que sucede en nuestro entorno más próximo, donde abunda el nerviosismo y se suceden las declaraciones maximalistas, el Gobierno de Pedro Sánchez está tranquilo, lo que contribuye a sosegar a una sociedad que si algo ha aprendido en los dos años largos que llevamos de sanchismo es a confiar en la palabra y las previsiones del Ejecutivo.

El repunte de la inflación en febrero, del 7,4 por ciento, inédito desde hace más de tres décadas, añade emoción al trazado final de aquella uve de la que Nadia Calviño hablaba en la primavera de 2020 para explicar con las herramientas preescolares de ‘Barrio Sésamo’ la recuperación económica.

No hay razones para dudar de la vicepresidenta primera cuando asegura que el Gobierno está tranquilo, que sus previsiones siguen vigentes, que el pacto europeo de estabilidad no es prioritario y que la inflación aún no es estructural.

Volvemos a la coyuntura. Con una guerra en el corazón de Europa, regresa aquel dinamismo que con datos de la Johns Hopkins divisó Pedro Sánchez en la pandemia para convertirla en escudo de su imprevisión y coartada de sus traiciones.

La coyuntura da para mucho en España, donde todo es transitorio y nada es estructural, salvo la tranquilidad que contagia el Gobierno.

Jesús Lillo ( ABC )