PARA SER VICEPRESIDENTE

Son muchos los españoles que se asombran de lo que está ocurriendo, algunos incluso se llevan las manos a la cabeza y los más pusilánimes temen una catástrofe. Sin embargo, es normal, lógico, previsible, inevitable. Si se gasta más de lo que se ingresa, la bancarrota llega tarde o temprano.

Que socialistas y comunistas son más rivales que socios se sabe en primero de Historia Política, lo sabía el propio Sánchez antes de meterse en la aventura. Que haber hecho la carrera atacando al capitalismo y terminar en un casoplón, es exponerse a que le llamen a uno «vendeobreros». Que formar un gobierno con ministerios de facultades compartidas lleva indefectiblemente a conflictos entre ellos.

Que sentarse con los nacionalistas a negociar la autodeterminación es como meterse en un jaula con leones hambrientos. Que dejar en manos inexpertas la redacción de un proyecto de ley sobre un tema tan resbaladizo como la «libertad sexual» son ganas de crear más problemas que resolverlos.

Son sólo algunos de los tropiezos del gobierno PSOE-Podemos en su primer mes de funcionamiento por limitarnos a la política nacional, pues en la internacional el caso Ábalos-Delcy es paradigmático. Y lo peor es que han empezado a cruzarse insultos, como el de «machista», hasta ahora reservado a la derecha y esta vez dirigido a un colega de gabinete.

Demostrando de nuevo que, al faltarle razones, la izquierda usa el improperio. Equivocándose doblemente, pues como señalé en su día, el proyecto de ley de Libertad sexual tiene más agujeros legales que una criba. Si ésta es la «seguridad jurídica» que quiere darse al conflicto catalán, los independentistas van a hacer su agosto. Bueno, ya lo están haciendo, en la calle a los pocos meses de ser condenados.

Hay en el variopinto Gobierno de Pedro Sánchez algún miembro con formación y capacidad para el cargo. Pero pueden contarse con los dedos de una mano. El resto es gente de aluvión, crecida en las organizaciones del partido y elegida por su fidelidad no a España o al PSOE, sino a Sánchez.

Complica la cosa la citada rivalidad entre socialismo y comunismo, sobre todo desde que el primero devino en socialdemocracia. Que Sánchez haya vuelto al socialismo radical para seguir en La Moncloa puede servirle de entrada, pero la conflictividad no hará más que aumentar.

Y a radical, Iglesias le ganará siempre. Lo único que puede salvarles es que ambos tienen como prioridad la continuidad de su gobierno, y seguirán tragándose sapos hasta estallar. Si antes Torra y Cía. no lo dinamitan, como están dinamitando Cataluña.

En cuanto a Pablo Iglesias ha vuelto a desilusionarme. En vez de explicar en su Facultad que para llegar a vicepresidente sin que le insulten a uno debe de tener la precaución de haber ganado por libre dinero suficiente para comprarse un casoplón, se limitó a pedir un micrófono para el chico que le increpaba como él hacía con los invitados de tronío cuando era estudiante.

Y es que lo de la izquierda no tiene remedio.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Lida Galmor