Intento cada día conectarme en directo a las doce de la mañana a través de mi cuenta personal de Facebook para rezar el ángelus. Este pasado sábado acudí al cementerio de los mártires de Paracuellos con un matrimonio amigo que no lo conocía.

Desde la catedral de los mártires, que así le dice don Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares, me conecté en directo unos minutos antes de las doce para mostrar lo que es Paracuellos y rezar desde allí el ángelus.

Me sigue sorprendiendo la cantidad de gente, católicos de siempre, creyentes, militantes de la fe que apenas han oído hablar de las matanzas de Paracuellos y por supuesto nunca pusieron allí sus pies. Gente de Madrid, que nos pilla al ladito. Nada de nada. Incluso una persona, ayer mismo en Braojos, me decía que había visto el video y que estaba muy impresionada. Otra que no lo conoce.

Paracuellos es la gran catedral de los mártires del siglo XX. No voy a entrar en una poco útil hoy guerra de cifras. Lo cierto es que en apenas un mes fueron miles los fusilados ante las impresionantes zanjas de Paracuellos por el simple hecho de ser católicos o ser considerados poco afectos al régimen republicano. De estos mártires, creo no equivocarme si digo que 143 son oficialmente beatos, y entre ellos 69 agustinos.

El sistema era muy sencillo. Se iban sacando presos de las distintas cárceles -las famosas “sacas»- supuestamente para ser trasladados a otras prisiones ante lo que se suponía la inminente entrada de las tropas nacionales en Madrid. El viaje se acabaja en Paracuellos.

Ahí los autobuses eran desviados por la antigua carretera de Belvis, donde al llegar a los pinos, eran obligados a bajar de los autobuses y llevados al borde la la fosa correspondiente donde era  fusilados. Los cuerpos caían en la misma fosa, un poco de tierra y a por los siguientes. Cuántos serían enterrados vivos. Gente de Paracuellos decía que estuvieron varios días y noches sin dejar de escuchar disparos.

Existen testimonios emocionantes de esos fusilamientos. Contaron en su momento testigos presenciales que en una de las sacas de los agustinos el P. Avelino Rodríguez, provincial, pidió permiso para dar un abrazo a cada religioso. Así lo hizo, impartió la absolución a todos, y les dijo: “recordad para que vinimos a la religión. Viva  Cristo Rey. Nos encontraremos en el cielo”.

Y dirigiéndose a sus verdugos: “sabemos que nos matáis por ser religiosos. Os perdonamos».

Joege González Guadalix ( El Corro de España )