PATADA EN LOS…CATAPLINES

El Gobierno navarro aconseja a los niños de ambos sexos y de edades comprendidas entre los doce y los dieciséis años que se masturben. ¡Hay que ver las vueltas que da el mundo! Cuando yo tenía esa edad me decían los profes que la masturbación es pecado, que me iría al infierno si la practicaba y que mi salud lo pagaría. Había entonces un tal Tihámer Tóth, húngaro de nacimiento y obispo de profesión, cuyos libros en pro de la pureza de los jóvenes disfrutaban de gran notoriedad. Seguro que las gentes de mi quinta lo recuerdan.

Sus obras de autoayuda estaban en todas las bibliotecas escolares. Sostenía aquel prelado que cada gota de semen derramada en los trajines del onanismo equivale a doce gotas de sangre perdidas para siempre. De los flujos vaginales nada decía, que yo sepa, aunque quizá lo hiciesen las monjas en los colegios de chicas. El cómputo, a decir verdad, acollonaba al más pintado, y a mí entre ellos, si bien, considerando la frecuencia con la que a la edad citada, y después de ella, e incluso antes, recurría yo, como todos mis condiscípulos, al desahogo en cuestión, me consolase pensando que las cuentas no salían, pues de ser cierta la especie estaría mi sistema cardiovascular tan vacío como el de los zombis que en estos días de Halloween meten miedo a los niños que andan pidiendo chuches de puerta en puerta.

Se diría, a la luz de lo descrito, que la iniciativa del Gobierno navarro, similar a tantas otras que nuestras autoridades imponen, es saludable, pero se trata de un abuso de autoridad análogo al que mi memoria evoca. ¿Quién demonios es un maestro, un cura, un pedagogo, un funcionario o el alcalde de mi pueblo para decidir lo que un chaval tiene que hacer con su pilila o una chavala con su vulva? Pase que los políticos y sus lacayos jueguen a ser salvadores de la patria, pero eso no los autoriza a creerse salvadores de nuestras almas.

Lo de la masturbación es sólo un ejemplo no por insignificante menos significativo de la sofocante moralina institucional que impera hoy en España, transforma en liberticidio la democracia y convierte a nuestros políticos en alumnos aventajados de monseñor Tihámer Tóth.

En mi pito, señores del Congreso, mando yo, en el de mi hijo de seis años manda él y en el clítoris de las chicas mandan ellas. No allanen nuestras ingles. ¿Vuelve la doctrina Corcuera o es que nunca se ha ido? Meterse en las vidas privadas es como dar una patada en las partes pudendas.

Fernando Sánchez Dragó ( El Mundo )