PAVOROSAMENTE INÚTIL

La última aparición de Sánchez como estrella televisiva nos permitió comprobar dos cosas: que la impunidad de los que queman Barcelona es también culpa del Gobierno de Madrid; y la pavorosa inutilidad de Sánchez, jefe de un Ejecutivo que parece Ejecutado. Sólo Carmen Calvo, en su estreno como derviche verbóvaga en el Instituto Cervantes, ha logrado superar en inanidad conceptual al presidente del Gobierno.

Rajoy tampoco hizo nada contra el golpismo catalán, pero por un problema de orden moral: su falta de valor y el desprecio a los demás. A Sánchez le sobra valor, pero es rigurosamente incompetente. Con el arrojo de Sánchez y la astucia de Rajoy saldría un presidentito aceptable. Con el valor de Rajoy y el talento de Sánchez, sale… Soraya.

Hace apenas dos años, como en la canción de Sabina, a la viceprincesa de la boca de fresa no se le oían más que dos terminachos: moderación y proporcionalidad. Cuando Mariano se despertaba de la siesta solía repetir moderado y moderación.

Baby Macbeth prefería trinar, como un gorrión gordezuelo, proporcionalidad. Y a dúo: «el Gobierno no caerá en la provocación ni en la sobreactuación». Mentira: sobreactuaban diciendo que no pasaba nada cuando pasaba de todo y caían en la provocación separatista habitual: fingir que negocian lo que quieren imponer.

De la nefasta experiencia del PP, Sánchez podría haber aprendido algo. El miércoles por la noche, en las pantallas partidas de las televisiones, vimos que no: mientras decía asegurar la libertad ciudadana, Cataluña, ardiendo por los cuatro costados, lo desmentía. También copió de Soraya que «la prudencia es prueba de fortaleza», pero se ve que toda la fuerza se le va por la boca; y que, como alabó el Marqués del Gulag, «no piensa hacer nada en Cataluña».

Para probar que no existe ese Golpe ensoñado por el Tarot Supremo, Marlaska se fue a cenar al Válgame Dios, buen sitio para que te vean. Pero Fraga en Palomares y su sucesor en el Válgame son ejemplos antagónicos de publicidad política: el ministro de Turismo y el embajador USA se bañaron para demostrar que la caída de bombas nucleares no contaminaba el agua. Funcionó.

En Interior, Fraga le dijo a Tamames «la calle es mía», para que el PCE no buscara apropiársela. Funcionó. Marlaska sólo puede decir «la calle es suya», o sea, de los catanazis. Y dimitir.

Federico Jiméne Losantos ( El Mundo )