PEDIR PERDÓN

Salvo el Rey Don Juan Carlos y Rodrigo Rato, aquí nadie pide perdón. En España hemos perdido la costumbre de pedir las cosas por favor y de dar las gracias y no te piden perdón ni por pegarte un pisotón al entrar en un ascensor. El «usted perdone» ha sido borrado. Por cierto, he puesto «el Rey Don Juan Carlos» porque es el Rey Don Juan Carlos, y no ese mote espantoso de «El Emérito» que le llaman, como si fuera un profesor de Universidad jubilado que se reengancha o un obispo entrado en los años que marca el Vaticano para pasarlo a la reserva.

Renuncie Vuestra Majestad a los poderes omnímodos que recibió del Régimen anterior a título de Rey; haga una modélica Transición hacia la democracia y la concordia; devuelva la soberanía al pueblo, Señor, para que pase a la Historia como «Juan Carlos el Emérito». Menos «emérito» y más reconocer sus méritos, en esta tierra de tan pronto olvido como rápida revancha.

No debe de ser buen negocio pedir perdón. Don Juan Carlos lo pidió cuando el triste lance venatorio y fue directamente a la abdicación. Rodrigo Rato pidió perdón y fue directamente al módulo de ingresos de Soto del Real. Pero le honra a Rato, al maltratado Rato, al vilipendiado Rato, la frase que dijo, que debería quedar como modelo para todos los culpables de tantas fechorías del solar patrio que no presentan ni excusas.

Dijo a las puertas de la cárcel: «Acepto mis obligaciones con la sociedad, asumo los errores y pido perdón a los que se hayan sentido afectados». Bueno, en este caso de los afectados hay un tercer caso yo diría de «viceperdón», como Matías Prats padre decía que el córner era un «vicegol». Ha sido don Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo. Tras la que ha liado el Supremo con las hipotecas, ha pedido disculpas «a los perjudicados por la deficiente gestión de la sentencia de los gastos hipotecarios».

Pero volvamos a Rato. Tras la imagen ignominiosamente preparada de un agente metiéndolo en un coche como detenido agarrándolo por el cogote, Rato dio un recital de dignidad por el largo camino hasta la trena con su deportiva bolsa de costado y arrastrando la maleta de cuatro ruedas. Tras haber pedido perdón. Cosa que no han hecho todos los otros encarcelados por el mismo delito de las tarjetas «black» de Caja Madrid, de quienes los medios adictos al sanchismo no han dicho ni mú, ni había cámaras de las TV manipuladoras en su ingreso en prisión.

Han tapado perfectamente que en la misma leva que Rato y por el mismo delito han entrado en la cárcel otros consejeros de izquierda de Caja Madrid, condenados en la misma tacada. Edurne Uriarte ha explicado bien claro esta manipulación, tan ignominiosa como la foto de Rato con el otro metiéndolo en el coche literalmente acogotado: «Las tarjetas “black” o el perfecto ejemplo de cómo se crea la Posverdad de la Corrupción del PP. Entran en la cárcel: 4 del PSOE, 2 de IU, 3 de CC.OO., 2 de UGT y 3 del PP. Es decir, un 79% son de izquierdas.

Pero los medios sólo hablan de Rato y de la corrupción de la derecha y el PP». Si esto no es manipulación, que venga Dios y lo vea: un 79% de los encarcelados por las tarjetas «black» de Caja Madrid son de izquierdas, pero aquí sólo sale Rato entrando en prisión. Y todos, además, sin pedir noblemente perdón. Como no lo pidieron nunca por sus 800 asesinatos los bilduetarras que llevaron a Sánchez a La Moncloa sin pasar por las urnas.

Como no lo pidieron ni Pujol ni los catalanes del 3%. Como no lo han pedido ninguno de los 500 investigados por los 5.000 millones de euros desaparecidos por la corrupción en Andalucía. Como no lo pidieron ni Bárcenas ni los de la Gürtel. Como no lo pidieron los agresores de los guardias civiles de Alsasua. Como no lo pidieron los del golpe de Estado en Cataluña, ahora hará un año. ¿Viene «perdón» en el DRAE, o lo han quitado como arcaísmo en desuso?

Antonio Burgos ( ABC )