PEDRO, EL ARROGANTE

La batalla del 10-N se va a desarrollar, sobre todo, en las redes sociales, con mucha Cataluña y todos los huesos de Franco en los mítines. Los partidos están contagiados de populismo y los enfoques van a ser de ese estilo, con demagogia a tope y promesas imposibles. Los de izquierdas predicarán parábolas de la gente contra las élites y las derechas prometerán bajar los impuestos.

En el centro del ruedo, Pedro Sánchez ofreciendo gobierno progresista, estable, la izquierda que no se avergüenza de la palabra España. A los de Podemos ya les ha dicho que un Gobierno no puede ser una asamblea, a Errejón lo ha tratado con respeto, a las derechas las ha empaquetado en el rodal de la ultraderecha.

A mí lo que me intriga es la relación entre Pedro y Pablo. Pablo Job, sometido a todas las pruebas, fue fiel a Dios y aún promete un Gobierno de conciliación con los dos que lo traicionaron. Sus socios no respiran así y esperan vengarse. Los de IU de Andalucía bautizan al presidente del Gobierno como Pedro, el Arrogante y bulldog del sistema.

Me envían un texto para oradores en el que se dice: «El PSOE hace de paracaídas de la derecha, protege al IBX 35 y CEOE. Acusa a Unidas Podemos de querer sólo sillones y pide un gobierno monocolor, con todos los sillones. Pedro se ha retratado como el bulldog del sistema».

A los populistas de derechas o de izquierdas hay que concederles el éxito de haber llevado a las perreras a los que hasta ahora eran los chusqueles vagabundos de los sistemas. Marx despreciaba a lo que llamaba lumpenproletariado.

Los populistas de Ernesto Laclau han colocado a lo que llaman «la gente» en la vanguardia y ahora la plebe hace barricadas no en las calles, sino en las redes sociales. Después de tantos siglos en los que los políticos y los poetas despreciaban a la chusma inepta, ésta exige poder. Horacio insulta «profano vulgo», desprecia el aplauso del pueblo. «La plebe me silba pero yo me aplaudo».

Yo no sé si Pablo es populista o marxista o ha evolucionado hasta la socialdemocracia. A veces recuerda a Tersites, uno de los primeros héroes del populismo, guerrero aqueo. No es que Pablo sea como el que pinta Homero -estrábico, cojo, vulgar, el más feo de los griegos- pero sí es como Tersites, impertinente, porque tuvo la osadía de tomar la palabra, que era privilegio de los reyes, descendientes de los dioses. Odiseo lo fulmina a las puertas de Troya. Le llama ultrajador que dispara palabras, pero otros le llaman arengador cínico.

Raúl del Pozo ( El Mundo )