Pedro Sánchez no quiere ser menos que el dictador Francisco Franco y de la misma manera que el gallego del Ferrol tuvo su película, dirigida por José Luis Sáenz de Heredia en 1964, titulada “Franco, ese hombre” otro director de nuestros días, Curro Sánchez Varela, está grabando una serie documental sobre el líder más carismático, que los españoles hemos tenido el privilegio de disfrutar en lo que va de siglo.

Según el director de la película , que llama «tiempos extraños” a estos momentos de guerra”, tener un acceso tan transparente, libre y honesto al día a día de la presidencia del Gobierno hace apreciar más que nunca el hecho de vivir en un país democrático, en el que sus ciudadanos tienen garantizadas sus libertades«.  Solo esta frase da una certeza idea del prejuicio absolutamente acrítico con el que el director se enfrenta a este trabajo hagiográfico.

El sentido de la oportunidad no existe en ese proyecto, el respeto al momento histórico que estamos viviendo tampoco y un mínimo pudor menos aún, porque intentar convertir al Presidente del gobierno en El Gran Conducator y trabajar en el culto a su personalidad, tiene tintes cercanos a la época menos digna de nuestro reciente pasado europeo, que estos días nos recuerda Vladimir Putin a sangre y fuego.

Probablemente Pedro Sánchez no tiene la culpa de que su departamento de pelotas haya pensado en este proyecto en el que lo quieren presentar como la Venus del espejo, pero a alguien se le podía haber ocurrido lo torpe e impúdico que resulta intentar convertirle en estrella política ejemplar en tiempos de guerra, cuando los verdaderos héroes mueren en los bombardeos sobre Ucrania.

Me imagino a un batallón de babosos descubriendo las virtudes más ocultas de Pedro Sánchez para incorporarlas al guion de la serie en la que probablemente aparecerán imágenes suyas en sus viajes a nuestras tropas junto a otros líderes europeos.

Sinceramente creo que no es el momento para autoelogios porque el personal no tiene el coño para farolillos, y por eso el documental podría volverse contra él.

La gente le perdona u olvida lo de su tesis doctoral, su autobiografía “Manual de resistencia”, firmado por él y escrito por Irene Lozano, su falta de transparencia en sus caprichos y gastos, sus mentiras como arma electoral y algunas impertinencias más, pero querer ser John Wayne en estos tiempos de guerra y competir con los soldados o la población civil bombardeada, es algo que no se le ocurre ni al que asó la manteca.

Diego Armario