Si Ada Colau se disfrazó de Supergirl para ser alcaldesa de Barcelona, ¿por qué no va a poder Pedro Sánchez convertirse en Flash Gordon para impedir que Rusia invada Croacia? Ahí lo tienen en su despacho de presidente del Gobierno español, telefoneando a Boris Johnson, a Emmanuel Macron, al primer ministro noruego, al secretario general de la OTAN, al presidente del Consejo Europeo y a la presidenta de la Comisión.

¿Por qué no a Putin y a Biden? ¿Temía que no le cogieran el teléfono o no sabía qué decirles? Su ministro de Asuntos Exteriores ha puesto la rúbrica: «La política internacional la lleva el presidente y yo me siento cómodo con ella. España es aliada de Estados Unidos está lista para cualquier evento en Ucrania».

De repente, se ha convertido de paloma en halcón y envía una fragata al Mar Negro y cuatro cazabombarderos a Ucrania para impedir que la comunista Rusia se la coma. Y él, con comunistas en su Gobierno. ¿Se ha dado cuenta de que el comunismo es agresivo, antidemocrático o intenta demostrar que él no lo es? No hace falta. A estas alturas todos sabemos que es sólo ‘pedrosanchista’.

Bueno, alguno añadiría que un cara. Y muy caro, añadirían otros. Incluso para él, pues si las concesiones que ha hecho para sacar adelante la reforma de la reforma laboral de Rajoy para acallar las críticas de la extrema izquierda y los favores a los nacionalistas no han gustado a la izquierda moderada, este alarde del ‘militarismo más rancio’ confirma a Podemos que les ha engañado haciéndoles creer que tenían mando en la plaza.

Y a los secesionistas, que no pueden fiarse de él. La reacción de ambos a este movimiento de Sánchez es difícil de adivinar. Si antes le chantajeaban, ahora les chantajea él: «Elegid, yo o la derecha».

Pero ésta es sólo una anécdota de la crisis, que sigue al rojo. Mi impresión ya la expuse ayer. Estoy seguro de que ninguno de los contendientes desea que esta guerra fría se convierta en caliente. Seguirá buscándosele un compromiso que sólo puede estar en que Rusia garantice no amenazar a sus vecinos occidentales ni que se sienta amenazada por ellos. Se ensayó con Finlandia y Austria, en la anterior guerra fría, con éxito. Pero ya nada es como era.

Ni Rusia es la Unión Soviética, ni Estados Unidos es el de entonces. Tampoco Europa es la misma políticamente. Se ha medio unido y mientras los ingleses envían armas a Ucrania, Alemania prefiere amenazar solo con sanciones económicas. La gran ventaja con la que cuenta Vladímir Putin es que los rusos están muy acostumbrados a las estrecheces, y nosotros desde luego que no.

Aparte de ser bastante más patriotas. Porque todo cuenta.

José María Carrascal ( ABC )